Paris Hilton Versus Mario Vaquerizo

Siempre he encontrado fascinante es la creación de marcas personales, de levantarnos un día y en lugar de ser un cualquiera, a ser una eminencia. Y esto es raro, complicado, aunque con tanta telebasura nos haga parecer sencillo.

Hay personajes que siempre encontré encantadores, y lo digo sin ironía: el Pozi, otros aburridos como el padre Apeles, me causaba sopor.

Pero luego están los PERSONAJES en mayúsculas, gente que no queda claro lo que hacen, pero están en todas partes. El máximo exponente es Paris Hilton, que según leí en el último Vanity Fair, cobra 300.000 euros por ir a una fiesta y cobra auténticas fortunas por sus perfumes. Profesión desconocida, pero talento, por mucho que nos pese, tiene bastante, al menos desde la perspectiva del marketing, una auténtica máquina de hacer dinero.

Pero como no podría ser menos en el terreno patrio, tenemos a Mario Vaquerizo, que está pasando de ser el marido de Alaska, a una ya fusión de “Alaska y Mario”, que podría terminar en el “Alaska es la mujer de Mario Vaquerizo”. Me sorprende la alta aceptación del personaje, de hecho conozco gente que lo admira y cuando lo veo, me hago muchas preguntas, lógicamente en una democracia la mayoría tiene razón (aunque esto es muy discutible) sobre todo en temas banales.

Creo que es un fenómeno a estudiar, como gente extraña nos llega ¿Qué es lo que nos llama?. Sin haber leído biografías, ni estudiado demasiado el tema, ambos tienen una similitud, en mi opinión, juegan a no enterarse de mucho, a  esa “rubiada”, aunque Mario sea moreno. También ambos se dedican a la “música”, he de reconocer que ambos tienen temas que me gustan, el disco de París me parece divertido, al igual que muchas canciones de las Nancys Rubias, creo que también hay  una parte excéntrica, pero al final creo que todo se resume a una frase de Wilde:

La naturalidad es la más difícil de las poses.

Y creo que somos muchos los que valoramos la autenticidad, como el máximo valor posible, y creo que ambos lo poseen, nos tragamos esa pose, sea real o inventada, al final no importan lo que es, sino lo que pensamos que es, aunque esa pose naturalidad sea una extrema artificiosidad, y aunque al final, todo sea una pose, porque como también dijo Wilde: la vida es una obra de teatro con un reparto deplorable.

Por su puesto, mi felicitación para ambos.

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