Confesiones de un eneagrama tipo 4. Amores, dilemas e intensidad

Creo que en el eneagrama soy un 4, es más soy el típico tipo 4. Una lengua armada para destrozar a quien se me antoje, con poco valor para hacerlo, para que luego digan que la cobardía es siempre mala, a veces te salva la vida.

Ahora que tras un proceso de crecimiento personal, me doy cuenta de toda mi fantástica máscara, no sé que hacer con ella, pienso que sería mucho más sencillo, coger un poco de desmaquillante y borrarla, pero creo que la tengo tan pegada a mi ser original, que no va a salir de forma tan sencilla…

La exageración es mi segunda piel, todo se convierte en una guerra de Troya, como por ejemplo acabar en la cárcel por dejar un post it en unos platos culpando a la que los ensució y no los limpió, el drama de compartir piso.

Sé que estás paranoias no son únicamente mías una de las ventajas de mi eneatipo es esa empatía (que tampoco es que sea muy auténtica, estamos más conectados con la “emocionalidad” que con la emoción real) con la que la gente se siente segura y capaz de emitir sus más oscuros secretos, claro no me voy a asustar, total, las ventajas de bajar al infierno por un simple post-it, es que ya estás ahí, por lo que mi respuesta es la misma a un post it que a una infidelidad de una pareja que todos considerábamos perfecta o a tríos. Para mi lo escandaloso, es lo que envidio, la normalidad.

Esa normalidad, que si la tuviera, me mataría del sopor y que al mismo tiempo la busco, los eneatipos 4 debemos ser originales, porque no es que los demás me rechacen, es que no son capaces de entender lo especial que soy, aunque a veces sea insoportable. De todas formas, tampoco es cuestión de sacar el látigo, este ya lo saco a pasear por las insignificancias más vulgares.

Tampoco me ayuda mi pesimismo, pero claro, nunca una obra de arte o un artista ha escrito o hecho grandes cosas siendo optimista, claro, no es que no los haya, que supongo que sí, es que probablemente haya discriminado y seleccionado aquellos como la Woolf, escritores de un único libro reseñable (Toole y su conjura de los necios, típico título que un 4 adoraría) o una de mis inspiraciones, Wilde, que aunque no tengo claro su eneatipo, tenía mucha pinta de 4, original, artístico y cometió el error de enamorarse de quien no debió, que es otra cosa común entre nosotros, Madame Bovary, que acabó fatal la pobre, también sería un 4, buscar el amor real, auténtico, algo que se nos arrebató para nunca más volver…

Si es cansado, a veces quiero mutar a 7, y entregarme a los placeres, sin pensar en sus consecuencias, pero creo que no es posible, tendré que conformarme con mi ala 3, que me hace ambicioso y mi parte 5 que me hace que lo investigue todo hasta que encuentre la solución en un libro, que claro, si luego no lo aplico no va a servir para nada, pero ¿he dicho que un 4 y el pragmatismo no se llevan bien?

Como dijo Wilde, detesto la vulgaridad del realismo en la literatura. Al que es capaz de llamarle pala a una pala, deberían obligarle a usar una. Es lo único para lo que sirve.

Y claro si sacamos, que al final “la vida es una obra de teatro con un reparto deplorable” mezclamos ambas frases, llegamos a:

Detesto la vulgaridad del realismo en el teatro, que es nuestra vida, el que llama pala a una pala, deberían obligarle a usar una, es lo único para lo que sirve.

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La muerte y otras delicias.

Creo que lo mejor que se puede hacer en esta vida, es morir, que cuando mueres vas a ningún lado con grandes probabilidades,  pero que allí al menos estás en paz. La vida es demasiado convulsa para sentirla y si no la sentimos, carece de sentido.

También es cierto el que si reflexionamos sobre la muerte, tendremos más ganas de vivirla, porque es efímera, frágil y siempre he econtrado encantadora la fragilidad como elemento estilísitico.  No sé cuando me toque morir, lo que haré, suicidarse es cosa de valientes, vivir también, lo que no tengo tan claro, que como dijo mi musa, Wilde, la mayoría de la gente no vive, existe eso es todo, es que la existencia sea valiente, creo que en ella reside la cobardía.

Mi trabajo me aburre sobremanera, sé que me estoy quejando que lo hago porque quiero, pero estoy en mi derecho de hacerlo, de quejarme, faltaría más. Sobre todo porque al final, es uno de los pocos derechos que nos están dejando estos políticos que nos gobiernan, nos quieren quitar la sanidad, la educación, las becas… Creo que el señor Rajoy debería crear un impuesto sobre las críticas al gobierno, así se forraría conseguiría, acabar con el deficit en pocos meses.

La muerte, la vida, la existencia, tres palabras que se unen,  para dar lugar a nuestro paso del tiempo.  Los placeres, los he abandonado,  ayer por primera vez, recobré el de tomarme un donuts, sintiéndolo, no en la convulsión de ir o hacer, la locura que últimemente me invade.  También me ha abandonado la creatividad, pero creo que ahora más que nunca necesito su visita, porque necesito reinventarme.

Canción una de mis favoritas de Goldfrapp, muy setentera, pero muy elegante.