Cáncer, sin trópico.

Ayer fui al cine, vi “bajo la misma estrella” una película sobre el cáncer,el amor adolescente… Desde el minuto uno empecé a llorar… Soy sensible, no quería verla, porque Cáncer, tú, como el zodiaco que lleva tu nombre, te riges por la luna, menguante, llena, nueva o creciente, siempre estás ahí, al acecho del que te ha padecido, cuando no gana la muerte.

Te llevaste a una de las personas que más he querido, eso es algo imperdonable, al no ser capaz de perdonarlo, el miedo, el rencor quedan dentro, al final, el rencor, el miedo, son otro tipo de cáncer, no matan el cuerpo, pero sí el alma. Y no quiero caer en metáforas y comparaciones odiosas, porque ni siquiera tuve la oportunidad de mirarte a la cara, la primera sesión de quimioterapia, se la llevo por delante, te la llevaste por delante, y eso solo produce dolor.

Siempre, cuando alguien muere, cuando alguien al quieres fallece, la sensación de vacío es brutal, los “y sis”, “debís”, los ojalá pudiera volver, cubren el cielo personal, cualquier forma de esperanza se desvanece y lo único que podemos seguir haciendo es respirar, esperando que el llanto apague el infierno que llevamos dentro y pobres de aquellos que son incapaces de llorar, porque libera.

Siempre recordaré esa sonrisa, esa última sonrisa en su cara, recordaré el agua del fregadero, cuando entraron a darme la noticia, ese día, ese 29, siempre estará ahí. Es curioso que mi santo también sea un 29, coincidencias extrañas, sarcásticas, mordaces….

Mirar hacia delante es imposible, pero siempre hay una mano, en mi caso, fue una pata, que ayuda, siempre recordaré a mi perro ese día, como estaba pendiente de mi, como era consciente de que necesitaba alguien cerca y que el resto, estaban sufriendo igual que yo.

Tener la oportunidad de decir te quiero es lo que se echa en falta, el decirle a esa persona, te quiero, te querré, pero ya da igual, la muerte es caprichosa y necesaria para que amemos la vida. Por eso, quizás, deberíamos plantearnos el decir te quiero mucho más, más vale decirlo sin sentirlo, que callarlo sintiéndolo, porque el amor está para ser gritado, mostrado, a pesar que haya quien lo critique cuando se salen de los estándares. Pero aunque las musas no me visitan, siempre te diré, tita:

Un día te fuiste, para siempre estar. Eso nadie me lo podrá quitar, nadie me quitará tu recuerdo, nadie me quitará tu cariño, porque siempre permanecerá en mí, porque en parte soy lo que soy, porque tú, fuiste lo que fuiste y la parte más sana mía, fue porque llevaste tu luz, donde pudo haber oscuridad.

Te quise, te quiero y te querré por siempre.

Tu sobrino.

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