Pequeñas explosiones cotidianas.

Tener la sensación de que no soy importante, que de los 3 soy el menos perfecto, el menos querido, el más fuerte y por ello con necesidad de menos atención, dicen que la fuerza es una virtud, pero no tanto cuando la has tenido que sacar para enfrentarte tú solo a un mundo, que sin ser cruel, a todo niño le es inhospito.

No puedo enfrentarte al mundo, porque “no puedo” es mi mantra y… ¿ esta letaína? ¿por qué hay verdades que tomamos como verdad a pesar de que son igualmente tan falsas que otras más positivas?.

Dicen y digo que el perdón, es el único camino para la paz interior, pero no tengo zapatos para recorrer ese camino, ni zorra idea de dónde se encuentra, busco quién me lo enseñe, tampoco hay carteles, pero es un camino complicado, aceptar no ser el preferido de tu madre por ser el más fuerte, entendiendo por fuerza, inteligencia, pero la fuerza en mi es como la solidificación del magma, que se dendurece, pero sigue caliente en su interior, dejando esa intensidad ahí, que en cualquier momento puede resquebrajar y salir a la superficie, pero se endurecerá relativamente pronto, pequeñas explosiones cotidianas para formar una piedra deforme, un frankestein emocional. Todo niño debe sentirse el más querido, porque en esa sensación nacerá la seguridad que es bueno y que se merece lo mejor de la vida, lo contrario será la búsqueda del castigo, que es más mi búsqueda.

No es que todo vaya mal en mi vida, creo que es una vida normal y corriente, mi batalla contra la normalidad, es un extraña batalla, porque siempre quise ver las maravillas de está pero al mismo tiempo lucho contra ella, pensando que tiene que ser mejor, la rendición, el bajar las armas, el enfriar la lava interior y mirar sin miedo, las miserias y los diamantes creados, la luz y la sombra, las posibilidades y las imposibilidades, las medias verdades y las medias mentiras, dejar el “absolutismo” para impregarme de los matices, abandonar la noche para seguir el camino de las luciérnagas.

Yann Tiersen, Naval, Piano

Recorrerte

Pienso en recorrerte

Quizás así te encuentre

Dos extraños cotidianos

Amores fugaces de eterno olvido

Esperar que la desidia florezca

Y se transforme de gusano a mariposa

Mientras la mantis del tiempo

Me devora la cabeza.

Recorrer los secretos de tu sexo

hasta ahora desconocidos

Aunque tantas veces devorado

La serpiente entra en su madriguera

Esperando encontrar tu corazón

Que tan lejano me queda…

Recorrerte porque quizás así

Te encuentre.

Poesía inacabada, el eneatipo 4 en el amor.

Cuando soy un 4 sexual, mi vida gira en torno a la pareja, algo que en el 4 es común, la sensación de ser incompleto, inacabado, de que alguien llegará y nos completará, me completará, nos volverá “correctos”, completos, dejaremos de ser ese medio pepino amargo, y con el otro medio seremos, no ya una curcubitácea, sino la orquídea más exótica jamás hallada, lo cuál ya es una locura en sí.

Y no sé si quiero se una orquídea cuando lo que envidio es la normalidad, ser alguien que se conforma con un café viendo el mar, escuchando a Najwa, como ocurrió ayer, sonaba “following the dolphins”, seguir a los delfínes, lo único que fallaba era mi Suecia, el allí, al lado como dos amigos, mientras, mi fusión con él cada vez es más lejana, seguiré siendo un pepino. El se sorpendió como todo el mundo ahora con las mangas cortas de mis brazos, ya más marcados, el peso, gracias a la ortodoncia y la dieta, pero el que se siente un patito feo, no llega a ser cisne…, es tan común fijarme en lo exótico, en un rubio, primero Finlandia, ahora Suecia, pero tienen algo en común, no sucumben ante mí, porque si lo hiceran, empezaría a agobiarme y pensar que hay algo erróneo en ellos, pensar, como pienso, que no soy merecedor de algo bueno, es la esencia que me da mi númerito.

Siempre pensé que la Gestalt, y su darse cuenta serviría, pero la mierda no se va solo por saber que está ahí, quizás sea el primer paso, pero es inútil, la telequinésis me resulta extraña, la brujería en este universo quizás no funcione como debería, sería fácil hacer desaparecer la mierda mental, pero la felicidad ayer si ocurrió, mientras miraba al mar con el café con Bayleis, la sensación de que aquel instante sería recordado para siempre, porque después me di un masaje y todo fue maravilloso, con todo un pero, Suecia, un beso de Suecia, que si hubiera ocurrido, también me habría agobiado, ni contigo, ni sin ti.

El amor se me representa como una poesía inacabada, trágica a momentos, cursi y romántica en otras, escribir hasta le infinito, pensando que acabará en algún momento, y en ese instante los versos finales podrían ser:

Tendidos en el sofa,
mirando por la ventana,
aprecié que todo lo que busqué
no existía más allá
De nuestras bocas unidas
Y que si separaban
yo sería yo, él sería él,
pero la eternidad nos cobijaría para siempre.

Abandonarse, caer, resurgir

Me imagino cayendo desde una gran altura, no hay fondo, la felicidad por fin me embarga, el viaje hacia lo desconocido empieza, irremediable, inexorable, durante el camino, siento el aire pasar entre mis dedos, acariciar mi pelo, las nubes tienen formas preciosas, los pájaros me saludan… El pelo rubio ondula, el sol lo envidia, me giro y no veo suelo, solo infinitas posibilidades.

Entonces giro, cual gimnasta, la vida pasa a ser un baile sin apoyo, como debería ser y sin miedo, porque siempre caemos, hagamóslo de una bonita forma, caleidoscopios eternos de reflejos sobre un mar lejano hacia el que me dirijo, sumergirse feliz, sabiendo que también puedo respirar en el mar, los peces me acompañan, bailan, forman tornados las sardinas a mi alredor, los tiburones no pueden acercarse,  el mar es turquesa casi transparente, siento la corriente en mi espalda, me lleva una playa, de conchas moradas, andar no es fácil sin que duela, es andar por la vida lo que me duele, es la realidad la que duele incluso en la fantasía, imaginarse bailando, entre rayos de sol,  agua y arena, sentirse uno y todo al mismo tiempo…

Pero en toda isla desierta, hay un volcán a punto de estallar, y ese volcán eres tú, tiempo, ¿cómo permanecer en la isla y qué tu estés calmado? Tú que explotas cuando estoy en paz, para convertir la isla, en desierto, el turquesa en rojo lava, el cielo, en suelo… La elección, es mía, pero no sé elegir de otra manera, que la erupción y aún cuándo estalles, resurgiré, esperando caer en el mar turquesa, pero esta vez yendo a una isla sin volcán posible, donde estar siempre, quizás solo, porque nuestra vida es una isla desierta donde barcos ajenos nos visitan de vez en cuando y rara vez una isla, se une a otra, un istmo infinito y eterno, que solo la muerte romperá, pero ¿qué mas da la eternidad si solo tenemos el instante?

Te amo caída, te amo mar, pero siempre vuelvo a ti, volcán.

Behind The Clouds

Foto de Bo Insogna

No es el tiempo, no son las horas, son los minutos…

Tengo 4 minutos para escribir un post, para decir que todo sigue igual, pero que soy 4 minutos más viejos antes de empezar, que esta mañana me desperté a las 5, que soñaba que me abrazaba alguien, pero esto se sueña durante un minuto, durante un minuto sueño que soy feliz, en un minuto me vuelvo a quedar dormido, un minuto es la forma de felicidad que una persona puede vivir, porque fuera de ese minuto o parte de él, no somos nada, somos un pensamiento en algo que ya ha pasado, o que pasará, jugando a ser adivinos.

Ser adivinos, es una característica humana tan común, los hay adivinos que dicen la fortuna, otros son más agoreros, pero ¿cuándo tendré un minuto eterno? La eternidad puede concentrarse en un solo minuto y en se minuto toda la eternidad, un espermatozoide, insignificante, un óvulo más, puede crear al mayor artista o al mayor asesino en un solo minuto y esto generará la eternidad…

Pero ¿qué haré en estos próximos minutos que conformarán mi vida? Lo sé, esperarte.

Frente al acantilado

Creo que siempre los acantilados han tenido un toque místico, especial, de final, no es más que un corte abrupto de la tierra, lo desconocido, hacia el mar algo donde no nos movemos con la misma facilidad. Un pequeño salto puede hacer que todo cambie, de la histeria, a la historia.

En en el proceso de la vida hay pocos acantilados, en la mía ha habido pocos, el primer beso, la primera relación sexual, el primer desamor, el fin de la carrera, mi mudanza a Madrid, todo esto provoca grandes cambios, miedos que luego se convierten otra vez en tierra en un navegar por lo seguro, el miedo al cambio es una constante. Mi cuerpo se encoge en el estómago ante eso, mi mente se vuelve una lavadora, girar en torno al mismo pensamiento repetetivo siendo imposible escapar, es como un acto de canibalismo devorarse a uno mismo una y otra vez, castigarse, sacar el látigo, espero algún día abandonar este patrón.

Las olas siempre bañan los acantilidados en nuestro imaginario, no suele haber acantilados tranquilos, mirar al horizonte, a lo fugaz y al mismo tiempo eterno, sentir el frescor del agua, ¿seré capaz de asomarme al borde? ¿seré capaz de saltar a lo desconocido sin tanto miedo?

La principal diferencia entre los acantilados reales y los mentales, es que los últimos te hacen más fuerte, te refrescan y el riesgo es no saltar, permanecer inmovil sobre la piedra, añorando cosas diferentes, cuando lo único que cambiará de forma abrupta, será el salto final, empezar de alguna forma de 0, si es que podemos empezar de 0 o tal vez siempre empezamos de 0, esto es otra cuestión de difícil respuesta.

Tal vez la niebla, no nos deje ver que los acantilados a veces son poco profundos y que esconden maravillosas opciones.

El caminante sobre el mar de nubes // Wikipedia

Mientras sigo en el acantilado, viendo las infitinitas posibilidades del salto y añorando la valentía para saltar y refrescar mi forma de ver el mundo.

Espejo, amor secreto.

Mirarse en el espejo es un acto cotidiano, me miro continuamente, esperando ver algo distinto, algo con el empuje para cambiarlo todo. Sería maravilloso, pensar que el espejo es mágico, no para  decirme que soy el más guapo, lo cual no sería cierto, si no para trasladarme a otro mundo, a un mundo invertido.
Donde solo me preocuparía por las cosas importantes o ni por esas,  donde seguiría mis sueños sin miedos, esas majestuosas frases, casi pornográficas, ¿qué harías ahora si no tuvieras miedo? Que en mi mundo actual es como, ¿Qué le pedirías al genio de la lámpara? Un cigarro, ¿tal vez?. El miedo es inherente al ser humano, es instinto de supervivencia, lo cual, me daría mucha nota para seguir viviendo, porque vivo en él.
Quizás golpear el espejo, romperlo en pedazos, sea cambiar la realidad, mi realidad, de hecho cambia a cada instante, la única cosa constante es el cambio, paso de un estado a otro, pero cada vez estoy más muerto, pues cada instante nos acerca más al final, que no sé si absoluto o parcial, pero final.
La muerte, es el fin de toda vanidad, de todo orgullo, es la redención, la expiación, es la vuelta a la esencia del nacimiento ¿aceptamos? ¿Aceptaré? ¿Volveré a esa inocencia o haré como muchos que se empeñan en seguir atados con un hilo de esperanza, que al final conforma una tela de araña, donde la araña es el tiempo y ella decide cuando devorarnos, pensando que podemos esquivarla?

En el espejo todo es diferente, no hay miedo, no hay muerte, solo un nacimiento continuo, porque en cada momento nacemos, con la misma vitalidad que en el instante anterior, vivo en el aquí y ahora y veo todas las posibilidades, la muerte no existe, pues el futuro, tampoco lo hace, el desamor no puede conmigo, porque me quiero y me acepto, ya no me prostituyo, ya no tengo miedo al caos de la vulgaridad y lo cotidiano, a lo rígido de la emoción tempestuosa… Sería maravilloso tener un espejo mágico, pero de momento solo tengo las palabras.

espejo
Espejito, espejito, ¿cómo paso al otro lado?