Amor, te echo de menos.

Hoy venía en el tren, veía los dos últimos episodios de Looking, creo que no habrá más temporadas, tampoco hace falta, entonces vi la relación entre Patrick y Kevin, entonces veía la posibilidad de una relación que funcione, aunque termina como termina la serie dejando las puertas abiertas no sé a qué, porque la serie tampoco da más de sí.

La cuestión es, que cada beso, cada abrazo que se daban era una sensación desagradable, sentirme solo, ver que no existe la persona adecuada, una sensación de luciérnaga, intentando hacerme notar, que alguien me mire, pero el resultado es siempre el mismo, la pena, melancolía y esperanza. Creo que la esperanza como virtud es curiosa, porque también el deseo de tener lo esperado produce dolor, la ventaja es que se retroalimenta  y aleja el fatalismo. Creo que todos soñamos, yo sueño al menos, con encontrar esa parte que nos complementa basada en la creencia de que no somos naranjas completas ¿acaso una creencia no es una verdad que puede ser desplazada? Pero mientras esa verdad con posibilidades de movimiento no lo haga, sentiré la misma desazón, esa gota que brota de donde nada puede encontrarse, para regar desiertos internos, esperando crear un oasis… La  posibilidad de la emoción suprema, es tan lejana, la normalidad me aterra, el aceptar que el amor no puede ser algo sencillo y sin más, siempre he sido una Madame Bovary, el amor es lo supremo, lo que todo lo puede, todo es tan Disney, quizás en los cuentos debía ser Maléfica, las hermanastras las que ganan, porque hace más daño ver el triunfo ajeno, que el fracaso propio, al menos a mí, por la imposibilidad de pensar que algo bueno me pase…

Pero también sé que no puedo echar de menos lo que nunca he tenido, puesto que lo que tengo es lo que exagero, lo que idealizo y que cuando consigo me aburre, como se aburre el niño con el juguete 3 días después de haberlo conseguido, porque no es lo que espera, porque los juguetes no son mágicos, dependen de uno mismo para hacerlos funcionar, lo que pasa con los adultos es que ya no nos maravillamos, no me maravillo, dejando una cosa por otra, pretendo que lo que tengo sea diferente, la no aceptación, una mariposa, por muy bonita que sea, siempre será un insecto, uno especial, que es admirado, y que se desplaza, pero antes fue una fea oruga y previo a eso un huevo, pero siempre fue insecto.

El amor es mi piedra angular, la emoción es el martillo que la hace pedazos, para reconstruirse en mi mente, en mi alma, una y otra vez, esperando que salte la chispa que me lleve a Oz, pero yo ni tan siquiera estoy en Kansas y lo espero como la medicina que sé que no es, pero como dice ante, las creencias son verdades que pueden ser desplazas, y esta es una de mis murallas chinas, ¿qué hay detrás de esta muralla creada por mi? Ni idea, y hoy, no tengo ni ganas de averiguarlo….

Puede que el lobo esté enamorado de la luna y cada mes llore por un amor que nunca tocará.
Puede que el lobo esté enamorado de la luna y cada mes llore por un amor que nunca tocará.
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