Renunciar a herencias.

Hoy es el día de los santos difuntos, aunque oficialmente es mañana, se celebra hoy, día para llevar flores a los cementarios, recordad a aquellos por lo que somos quienes somos, ya sean desde una perspectiva genética, abuelos, padres, madres, abuelas, o sicológica amigos y familiares no directos.

Y reflexiono, soy lo que soy por ese árbol genealógico, del cual reniego en parte, mi nombre es compuesto, he obviado el primero siempre, que es el de mis dos abuelos, quizás para intentar romper con un pasado, que me formó genéticamente y que sí las características sicológicas se van pasando también de generación de generación, también quiero romper. La mediocridad de mi antepasados ha de ser rota para llegar a tener éxito. Esto es un gran conflicto, porque soy lo que soy también gracias a ellos, ¿cómo superar los límites familiares? Era de esperar de mí que fracasase, que viviese en la simpleza, en lo sencillo, pero entonces, me visitó una maldición, la envidia, el 4 de eneagrama, la comparación continua pero no inmovil, dinámica que me hizo luchar, y me dijo, – ahora vamos a cambiar el destino, en parte, vas a tocar otros puntos, saborearás el éxito, pero tampoco te vas a bañar de lleno en  él, vas a tocar el cielo con los dedos, pero no podrás caminar por las nubes. Y aquí estoy, con casi 40 años, una vida profesional media-alta,  una vida emocional que es un desastre,  no soy capaz de encontrar pareja,  y esto también se ha dado bastante en mi familia, por ambas partes casi todo es disfuncional en términos de relaciones, habiendo varias “solteronas” y yo al ser gay, también puedo meterme en el grupo de las  mismas. Se repiten las historias familiares, quizás la mística tenga razón, quizás haya herencias familiares de las cuales es muy dificil renegar porque las aceptas solo por nacer.

Hubo una persona muy especial, mi tía, tita, ella creo que fue la pieza angular, el reflejo mío en el espejo, ella era Josefa, se llamó Pepi, yo renuncié al nombre,  el suyo fue transformado, ella me regaló enciclopedias, me decía que era listo, me quería, me escuchaba,  ella con su regalo de la máquina de escribir, con decir que era inteligente, cambió lo que de mi historia familiar se esperaba. Pero me fue arrebatada por el cáncer. Junto a mi madre, mi tía y mi perro, al que sacrifiqué y con ello tome la decisión más dura que tomado nunca, forman ese triangulo de seres que han creado mi universo emocional.

¿Cómo renuncio a esta herencia de historias infelices, de sumisión por un pasado que pesa, de lazos a la sencillez, cuando soy barroco? Si tuviera un hijo, no creo que le pusiese jamás el nombre de un antepasado, me gustaría que partiese de cero, con las infinitas posibilidades, sin un un futuro marcado, sin un “te llamas como tu, nombre de un familiar” porque eso creo que condena, lo común con mis dos abuelos, es una frialdad, una incapacidad de mostrar mis emocionaes fácilmente, recuerdo a mi abuelo materno, con su sofá, era su sofá y nadie podía utilizarlo.

Sin embargo como en la bella duermiente, alguién rompió la frialdad, porque a veces los terremotos hacen caer las sólidas estructuras que obligaban al mantenimiento de una geometría estricta y aquí estoy con un futuro por delante que creo que sí es capaz de romper con un pasado que ya no quiero. Yo D, renuncio a ti M, quiero poder expresar mis emociones, llegar donde realmente quiera, ya sea a ser profesor de yoga o director de algo, renuncio al gris, al marrón, para reclamar al amarillo.

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