Lo extraordinario de lo ordinario

Hoy ya no estás aquí, ayer sí, ayer te vi en el sofá sentado tapado con un edredón sin funda, te miré y vi lo cotidiano, entonces me di cuenta que esto era la normalidad  lo que me gusta de ti.

Es complicado dejar de pensar en ideales, en príncipes barrocos o reinas con diversos tronos,  hombres de brillo eterno en la oscuridad de mis noches, sobre todo cuando muchas de mis noches duran 24 horas. Pero la luz de los que ciegan, es igual que la oscuridad profunda, porque no me permiten ver nada.

La diferencia me hizo daño, también es cierto que me convirtió en mi, el intento por ser diferente, por ser mejor, la envidia competitiva que me arrastró al pantano de la tristeza, pero incluso en los pántanos, crecen arboles, que nos permiten agarrarnos, subir y ver las estrellas cuando el cielo no está nublado.

La aceptación me devolverá al centro, al punto de equilibro donde apreciar lo sencillo y evitar lo grotesco del barroquismo emocional, porque los placeres sencillos llenan los días y los rebuscados no llenan, porque nunca llegan, porque el artificio está bien para el arte, pero en la vida, es la naturalidad de los actos, la que la dota de significado.  ¿qué hay más extraordinario que lo cotidiano cuando este nunca es vivido por estar buscando lo extraordinario?

Las horas, el sofa, el café con leche de soja, la leche sin lactosa, los besos, las chorradas que compramos con lo poco que te tocó en la lotería del niño, paradojas, una ensalada, una copa de vino, ir a comer con tus amigos, porque lo ordinario, se vuelve extraordinario cuando lo vivimos sin pretensiones de cambiarlo.

Los ríos nacen en la tierra y se funden en el mar, en su recorrido surcan muchos lugares, dan forma a muchas piedras, alimenta lo que hay a su alrededor y esto quizás sea el amor, el fundirse dando forma a las piedras, que seguiran pero menos angulosas y alimentando los momentos con cosas sencillas. Porque lo complejo, no es más que una forma de llamar a lo que evitamos y lo sencillo, cae en el desprecio porque nos empeñamos en no ser felices.

Gracias Jaime, porque lo cotidiano ya no me horroriza, porque lo vulgar y corriente me encanta y porque los placeres sencillos, ahora son elegidos frente a los complejos. Las estrellas brillan solas y somos nosotros las que las unimos en constelaciones para hacerlas especiales, como si ellas, por si mismas no fueran grandiosas.

 

 

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