Cualquier día es bueno

Cualquier día es bueno para darte cuenta de algo, lo que ocurre es que casi siempre me doy cuenta de las mismas cosas, de que no me motiva este trabajo, que no soporto la banalidad en temas profesionales, que las apariencias son perfectas en la moda, problemáticas en lo profesional, porque del vacío de conocimiento no puede salir nada duradero.

En cualquier caso, cualquier día es bueno para disfrutar de un café, sin más pretensiones que disfrutar de dicho café,  de esperar a que llegue Jaime, a pesar del calor y de tener que tirar el colchón el salón para disfrutar del aire acondicionado, que me iré a Vilnius, Riga, Tallín, que no me apetece ir de nuevo y que hay 20 grados, bendito contraste térmico, donde las mangas largas serán la obligación.

También cualquier día es bueno para tomar decisiones, que hagan caer nuestros cimientos, porque la pregunta es ¿quién quiere mantener un edificio en pie que no interesa? Hay moles que destrozan las vistas de cualquier cuidad, como cuando paseamos por una ciudad del mediterráneo, donde las constructoras se encargaron de destruir, a veces construir es destruir, paradojas de la vida. Y creo que dado el malestar que me provoca seguir así en mi trabajo, he de irme, manteniendome fijo en la decisión, sin importar los cambios. A veces por muy bonito que sean las paradas lo importante es llegar al destino, puede que este sea menos agradable, menos fructífero, pero es nuestro derecho a acabar el viaje, donde querríamos.

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