El colchón en el suelo

He dormido en el salón, aire acondicionado, la noche me ha hecho sudar, dormir mal, mañana a estas horas estaré en el avión, hacia el frío, será un regalo el “mal tiempo”.

Corro las cortinas del balcón, entra aire fresco,  él la cierra, para mantener la intimidad, como si dos cuerpos desnudos tuvieran algo que esconder. La música es entre chill out y electrónica, anima pero en un punto cuasiperfecto, un equilibrio complicado, entre lo aburrido, lo movido, lo que relaja y lo que altera, mantenerse en el centro no sé si tan siquiera es físicamente posible viviendo en un universo en plena expansión.

Hoy tostadas, me sienta tan bien el pan de centeno, con huevos revueltos, tomate y jamón, no envidaba las palmeras que comía Jaime. Un plato muy estético y contrastado, el rojo del tomate sobre el marrón oscuro del pan de centeno, el blanco y amarillo de los huevos revueltos para rematar con el rojo del jamón… Hay delicias asequibles, hay maravillas al alcance de todos los bolsillos, hoy se presenta un día de lo más normal, necesito un pantalón vaquero, poco más. Ahora me tomaré otro café, y saldremos. Lo cotidiano cobra sentido en vacaciones, unos días llenos de horas que no te gustan, contrastan con unos días de vacaciones, donde un colchón en el suelo, una música agradable y una gran compañia, vuelven lo cotidiano, maravilloso.

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