Volver

No quiero volver. Hoy es el día, en 3 horas me llevarán a la estación. He sentido envidia de una amiga que limpia casas, porque ella está aquí. Esta ilusionada porque a lo mejor la llaman para trabajar en un centro de fotocopiado.  Estudió periodismo, decidió quedarse en Málaga.

Hoy me borré del gimnasio aquí, tras 5 años en Madrid,  antes venía más a menudo. Estoy triste por ello, porque es perder otro de los nexos, es como estar empadronado aquí, es dónde quiero estar, es todavía sentirme de aquí.

Me gustaría sentirme universal, como algunos dicen que son, pero es aquí donde esta el mar, donde me tomo un café y charlo ; he estado tan a gusto esta mañana desayunando por 2,50. Luego pensar en llegar al AVE,  ir al supermercado, comprar para el desayuno, volver a una rutina… Volver a donde no se quiere estar es duro, regresar es bonito.

Creo que debería plantearme esto ya seriamente, vivir en Marbella, Málaga Centro, retomar el mar, la simplicidad… Esto de los equilibrios es cansado, Logroño Madrid Málaga, pienso que lo ideal sería trabajar de freelance así sería Logroño – Málaga, podría estar una semana en un sitio, otra en otro.

Tendría lo mejor de mis dos mundos ahora mismo, un abrazo cálido, aunque ahora me de algo de repelús por mi “intolerancia” al calor y el mar. Deambular sin prisas en las dos situaciones que más me motivan ahora mismo, en lugar de estar en un desierto entre dos oasis, es vivir en los oasis, quizás así aprecie más el desierto.

Volver es fácil, regresar es complejo.

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Cumplir sueños

Ayer por la noche me bañe desnudo en el mar viendo las estrellas, no es que no me haya bañado ya desnudo, pero nunca había visto las estrellas al hacerlo. Algo tan simple he tardado mucho tiempo para hacerlo, son cosas que voy posponiendo quizás porque pienso que puedo hacerlas en cualquier instante, pero no es así. Tiene que ser de noche, verano y al igual que ocurría ayer un excesivo calor en Málaga.

Ese calor que no me dejó dormir y al que se une que mañana vuelvo a Madrid y no quiero; ese no quiero surge desde el estómago es visceral, porque no me gusta meterme otra vez en horarios, en una vida carente de significado y sé que lo peor que puedo hacer con mi vida es buscarle un sentido. Pero no, el estómago me dice este no es el camino a seguir, David, este camino no es el que has de tomar.

Hoy fui al vivero y compre dos plantas, dos orquídeas algo más raras que las frecuentes que se pueden encontrar en IKEA, mañana las llevaré en el AVE, espero que estas no se me pudran, me gustan las orquídeas, por una sencilla razón, son delicadas y tardan en florecer y cuando lo hacen, son bellas, esplendorosas. La vida para mí es así, delicada, va cogiendo fuerza para terminar floreciendo y no lo hace una vez o dos, sino muchas veces, da lugares a otras plantas, viven para ser bellas, luego en otros instantes, son simples hojas verdes, pero mantienen el secreto en su interior, la energía creativa está dentro para dar lugar a otra flor, a otro tranquilo éxtasis estético y casi estático.

Y yo llevo demasiado tiempo siendo un puñado de hojas verdes, he de buscar la forma de florecer y no solo para cumplir mi objetivo de abdominales marcados y posiciones de yoga complejas en el cual me meteré también esta semana.  He de buscar otros placeres inmediatos.

 

Enamorarse por primera vez

Creo que gran parte de la gente no se enamora nunca de verdad, simplemente se sienten solos, ven a alguien que les cuadra y establece una relación,  no es el amor el que da lugar a muchas relaciones, es la soledad, lo cual ya lo enmarca todo

Estaba hoy en la playa y veía una persona sola, me miraba él estaba desnudo, yo vestido, nos separaba la linea que separa la playa nudista de la que no lo es, se veía solo, estaba solo, como la mayor parte de la gente que allí había, el viento movía grandes cantidades de arena, formando una niebla molesta que hacía que muchos bañistas se fueran y eso que yo me vine a las 11. ¿Qué hubiese pasado si me hubiese acercado y le hubiese dicho hola?

Son las típicas preguntas que me planteo,  quizás se hubiese molestado, quizás me hubiese dicho hola, ¿cómo te llamas? las posibilidades son infinitas y solo hay una forma de responder a esa pregunta. Diciendo hola. ¿Cuántas posibilidades dejamos escapar por no haber dicho hola? ¿Cuántas relaciones de pareja o no, hemos perdido? ¿Cómo sería nuestra vida si dijésemos hola?

Cuando me levanté esta mañana mi madre me contó un cotilleo: el vecino odiado por todos, que vivía con una mujer antipática, que arañaban los coches si le aparcaban en la puerta, que iban con delirios de grandeza viviendo en una de las peores casas,  por el tamaño de las misma, habían terminado.

Ese señor que me hacía la vida imposible cuando mi perro ladraba, mi perro, ese primer gran acercamiento al  amor que tuve, esa mirada tierna donde perderme en el infinito, esa incondicionalidad.

Ese señor que cogía el teléfono y hablaba siempre con el ayuntamiento para no decir hola, que nos hacía creer que su relación era perfecta, cuando no eran más que dos locos, resulta que ha dejado a su mujer por un hombre.

Supongo que ahora él se ha enamorado por primera vez, y la mujer y reconozco que me alegro, por lo imbécil y lo mal que me cae, estará hecha polvo, pensando qué que ha hecho ella para merecer esto, pues ser una maleducada, borde y “siesa”.

Y él ahora, bajará a la entrepierna de su primer amor y dirá esto es lo que me gusta, ya no llamará al ayuntamiento y quizás diga hola. Y la moraleja, es que a veces no nos enamoramos jamás, pero a veces incluso “cambiamos” nuestra orientación por otra, que el cariño no mantiene la relación en muchos casos, porque una erección es más fuerte que una demostración, por otro lado falsa del amor de cara a la galería.

Y ella, tiene las ventanas cerradas y se esconde, por la vergüenza de haber sido dejada y probablemente de saber que nunca se enamoraron de ella, de su pelo estropajoso, de su mirada inquina,  de su mala educación y ahora las tornas hacen que la miremos con pena que supongo que es lo que más la fastidia. Y él, ahora baja y pensará en el tiempo perdido, en que su histeria, quizás proviene de que era más de carne que de pescado.

Raras veces nos enamoramos de verdad, nos enamoramos hasta no ser capaces de decir bastas, hasta ser incapaces de decir un pero, muchas veces construimos algo desde el cariño y desde luego que quizás a veces funcione, otras, sin embargo una erección acaba con todo.

tamaralempika

Tamara de Lempicka,

 

Batallas imposibles de acabar

Las batallas surgen de la no aceptación, del intentar cambiar lo que hay, pueden ser buenas o malas, pero y aquí como en el amor no sincero, hay peros, deben tener posibilidad de finalizar.

Una batalla sin fin, es una pérdida de tiempo, una no aceptación,  como la que tengo ahora mismo contra el calor, mientras escribo esto en calzoncillos, en una silla de ordenador sin aire acondicionado con un ventilador que mueve un aire recalentado. Lo único bonito es que suena el Ave María de Bach Gounod, una pieza sencilla y preciosa,  que trae a mi mente palabras como: “la belleza de lo simple”, “el arte de lo no rebuscado”. No tengo ni idea de música como de muchas otras cosas, pero sí sé que me gusta, que me da paz.

Mientras esta mañana sudaba, me echaron una maldición gitana por no dar dinero, como si la maldición pudiese tener efecto, como si con la simple invocación de palabras se pudiera destruir o construir algo, los conceptos no crean ni destruyen, son las manos, siempre es el cuerpo el ejecutor. Es el cuerpo el que nos lleva a placeres cuando la mente es apagada, a sacrilegios en contra de la voluntad divina, el sexo es la única forma de meditación que la mayor parte de la humanidad quiere practicar, aunque este deseo se va con la edad.

Pues esta mañana con el café, desayunando 3 personas, se necesitan 3 puntos para crear la primera forma geométrica, el triángulo, 3 dispares, donde la que tenía papeletas para ser menos feliz, es la que es más, yo en el punto medio y la que tiene todo, la menos feliz en estos momentos. Un triángulo escaleno es lo que formábamos sin lugar a dudas.

La felicidad es la más extraña de las cosas, la que no se puede buscar, la que no sigue normas lógicas, la que surge de la inocencia y lo intelectual mata. Y la prueba el café de esta mañana. La pena me invadió durante un instante, esa es mi batalla inacabada, por el desconocimiento de lo que quiero, de mi vacío interior,de la falta de placeres, de pasiones, de saber que tengo el poder de cambiarlo todo en un instante y no ser capaz de ejecutarlo.

¿Que sería de mi si utilizase el poder que todo ser humano tiene? El poder de hacer lo que quiere, sin más lamentos que saber que es mi derecho,  hacer lo que quiero y tras muchos años, tampoco me resulta fácil identificar que es lo que es. Casualmente el otro día cogí unas cartas del tarot, y salieron 2 de oros, el mago y el 2 de bastos, las tres cartas, forman un triángulo,  pero equilátero, pues las 3 están relacionadas entre sí con la figura del mago, de la magia creativa que cada uno tenemos, que hay que ponerla en funcionamiento para que la vida sea plena, de esta forma la batalla finalizará, porque no me quiero morir sin alcanzar la paz, que por mucho que se empeñen, siento que se puede alcanzar en vida.

Sentir que se puede mirar por la ventana en una tarde de otoño y no querer cambiar nada.

 

La envidia nunca es sana.

Jaime me pasó este artículo “La envidia como una de las bellas artes” el cual recomiendo por la forma en la que está escrito. Comenta que en España la envidia es menos inspiradora, cuando habla de EEUU: “La envidia. Otra vez la envidia moviéndolo todo. Activando las neuronas desde las tripas.”

Pero cuando llega a España: “La envidia española es distinta. Más cotidiana, pero menos inspiradora. La envidia española se evapora en el ejercicio de la difamación.”

La envidia nunca es sana, porque no procede de la inspiración, procede de desear lo que el otro tiene, es  como tener sed, un vaso de veneno en la mano y esperar que el otro se lo beba. La envida es amarga, oscura, verde, por lo putrefacta, no por la esperanza que también es de ese color, o bien podría ser la esperanza de tener lo que el otro, pero no basta con tener lo mismo, el otro no ha de tenerlo, la envidia no busca jamás la igualdad, busca la superioridad.

La envida es nefasta, porque se basa en la comparación, él tiene ese coche que es mejor que el mío, por lo que yo soy peor, es como siempre: olvidarnos de nosotros, para depender de los demás, es tan sencillo darnos cuenta de los males del capitalismo.

Otra cosa bien distinta es que en España seamos críticones, maléficos, un vistazo a T5 es suficiente para darnos cuenta de que el insulto gratuito vende, la denigración del otro como ensalzamiento personal, pecados pensamos que veniales, pero que son como las medusas, en apariencia estéticas flotando en el mar, pero corrosivas y de veneno duradero.

Yo que conozco bien la envidia, el compararme para salir siempre perdiendo, puedo afirmar que la envidia nunca es sana, no es el motor adecuado para ponernos en funcionamiento,  porque desear lo que el otro tiene, es en muchos casos olvidarnos de la sencilla pregunta ¿realmente lo quiero? Y generalmente es no, porque para querer el coche del vecino, también debes querer su vida y quizás eso, ya no nos interese tanto.

La envidia es la bruja de Blancanieves frente al espejo, es querer ser la más bella del reino,  como si la belleza diese la felicidad, como si algo que se puede perder no produzca miedo a su pérdida y por lo tanto lo contrario de lo que buscamos: nuestro bienestar.

Invitaciones

Ayer recibí la invitación a una boda para octubre, había varios compañeros de un antiguo trabajo, ahí hablé de como conocí a una de las que considero malas personas que he me he encontrado, y considero que han sido 3 durante este tiempo que llevo en el planeta.

En mi opinión, todos somos mitad hijos de Dios, mitad hijos del diablo, con algunas desviaciones y es en estas desviaciones donde se encontraba ese señor. También las he conocido para bien y alguna la mantengo como amiga.

Una de mis ideas para escribir un libro, era algo similar a “El diablo se viste de Prada”, al que podría haber titulado, “Ella va de Breska” donde parodiaría a mi ex jefa (hija del dueño) no es que fuera mala persona, bastante tenía, era simplemente que estaba ahí por ser hija, no por conocimientos, no al menos de marketing.  El enchufismo es una plaga,  según parece la empresa va fatal, también puede ser un problema: acabar con tu empresa, si solo te quedas con amigos y “palmeros”.

En la conversación surgió el ¿cuándo te vuelves a Málaga? Esa es la pregunta, y la respuesta es mientras los sueldos sean de 900 euros, no. Me encantaría vivir aquí, puesto que la calidad de vida, para mí es muy alta.

La tarde fue entretenida, teniendo que evitar la cerveza,  me hace ponerme como un globo, un café y una copa de vino blanco, rememorar que cualquier tiempo pasado siempre parece mejor, más ameno y divertido, pero es una trampa, la nostalgia es una gran mentirosa que nos evade de lo único que tenemos, el momento presente.

Lo curioso es que los optimistas y pesimistas tenemos puntos similares, intentamos dotar a nuestro pasado de significado, como si eso nos hiciera valer más, como si por arte de magia pensásemos que al cambiar el pasado en nuestra mente volviéndolo mejor, nuestro presente y futuro también lo serían, lo cual, a niveles lógicos, es absurdo.

Así que ahora tengo una boda, que perder unos 6 ó 7 kilos para entrar en el traje.

 

Melocotones

Es una de las frutas que mejor recuerdo, por su sabor y textura en la boca, es tan difícil describir olores y sabores, sentirlos con yogur, cuando me bañaba en la piscina de plástico y subía a la azotea, sentía el calor del suelo, como ardía y entraba en lo que era el lavadero y pensaba que perdería peso por el calor que hacía dentro. Una batalla, la mía contra el peso que está siempre en período de paz armada.

Recuerdos de infancia, donde un simple melocotón como el que acabo de comer me traslada. Yogures, melocotón, una piscina de plástico, un lavadero, todo es tan costumbrista, tan normal, algo de lo que huía y ahora quisiera volver a sentir, porque aquello era lo real y no esto. Sólo los niños conocen la vida, porque son ellos los que la miran desde dentro, pronto abandonamos esto, para mirarla de lado o con recelo, desde convencionalismos sociales, intentos de gustar; fui solitario y disfruté de mi soledad, hasta que la convertí en un fracaso.

Y no quería fracasar, ¿por qué? Ni idea, el fracaso es aceptar las verdades ajenas como propias, dejar que los demás, y los demás es tan ambiguos, moldeen nuestra forma.

Me gustaría ahora estar en una piscina, no de plástico, desnudo sobre una colchoneta, con un melocotón, pensando que no tengo nada más que hacer que sentir ese momento. Olvidarme de obligaciones que no son tales, y sentir como el melocotón, moja la comisura de mis labios, como su jugo se desliza barbilla abajo, una caricia dulce, como se pasea por mi barba, su olor me invade y como me importa poco que me vean. Porque el exhibicionismo también es una forma de aceptación y disfruto mucho de los placeres relajados.