Batallas imposibles de acabar

Las batallas surgen de la no aceptación, del intentar cambiar lo que hay, pueden ser buenas o malas, pero y aquí como en el amor no sincero, hay peros, deben tener posibilidad de finalizar.

Una batalla sin fin, es una pérdida de tiempo, una no aceptación,  como la que tengo ahora mismo contra el calor, mientras escribo esto en calzoncillos, en una silla de ordenador sin aire acondicionado con un ventilador que mueve un aire recalentado. Lo único bonito es que suena el Ave María de Bach Gounod, una pieza sencilla y preciosa,  que trae a mi mente palabras como: “la belleza de lo simple”, “el arte de lo no rebuscado”. No tengo ni idea de música como de muchas otras cosas, pero sí sé que me gusta, que me da paz.

Mientras esta mañana sudaba, me echaron una maldición gitana por no dar dinero, como si la maldición pudiese tener efecto, como si con la simple invocación de palabras se pudiera destruir o construir algo, los conceptos no crean ni destruyen, son las manos, siempre es el cuerpo el ejecutor. Es el cuerpo el que nos lleva a placeres cuando la mente es apagada, a sacrilegios en contra de la voluntad divina, el sexo es la única forma de meditación que la mayor parte de la humanidad quiere practicar, aunque este deseo se va con la edad.

Pues esta mañana con el café, desayunando 3 personas, se necesitan 3 puntos para crear la primera forma geométrica, el triángulo, 3 dispares, donde la que tenía papeletas para ser menos feliz, es la que es más, yo en el punto medio y la que tiene todo, la menos feliz en estos momentos. Un triángulo escaleno es lo que formábamos sin lugar a dudas.

La felicidad es la más extraña de las cosas, la que no se puede buscar, la que no sigue normas lógicas, la que surge de la inocencia y lo intelectual mata. Y la prueba el café de esta mañana. La pena me invadió durante un instante, esa es mi batalla inacabada, por el desconocimiento de lo que quiero, de mi vacío interior,de la falta de placeres, de pasiones, de saber que tengo el poder de cambiarlo todo en un instante y no ser capaz de ejecutarlo.

¿Que sería de mi si utilizase el poder que todo ser humano tiene? El poder de hacer lo que quiere, sin más lamentos que saber que es mi derecho,  hacer lo que quiero y tras muchos años, tampoco me resulta fácil identificar que es lo que es. Casualmente el otro día cogí unas cartas del tarot, y salieron 2 de oros, el mago y el 2 de bastos, las tres cartas, forman un triángulo,  pero equilátero, pues las 3 están relacionadas entre sí con la figura del mago, de la magia creativa que cada uno tenemos, que hay que ponerla en funcionamiento para que la vida sea plena, de esta forma la batalla finalizará, porque no me quiero morir sin alcanzar la paz, que por mucho que se empeñen, siento que se puede alcanzar en vida.

Sentir que se puede mirar por la ventana en una tarde de otoño y no querer cambiar nada.

 

La envidia nunca es sana.

Jaime me pasó este artículo “La envidia como una de las bellas artes” el cual recomiendo por la forma en la que está escrito. Comenta que en España la envidia es menos inspiradora, cuando habla de EEUU: “La envidia. Otra vez la envidia moviéndolo todo. Activando las neuronas desde las tripas.”

Pero cuando llega a España: “La envidia española es distinta. Más cotidiana, pero menos inspiradora. La envidia española se evapora en el ejercicio de la difamación.”

La envidia nunca es sana, porque no procede de la inspiración, procede de desear lo que el otro tiene, es  como tener sed, un vaso de veneno en la mano y esperar que el otro se lo beba. La envida es amarga, oscura, verde, por lo putrefacta, no por la esperanza que también es de ese color, o bien podría ser la esperanza de tener lo que el otro, pero no basta con tener lo mismo, el otro no ha de tenerlo, la envidia no busca jamás la igualdad, busca la superioridad.

La envida es nefasta, porque se basa en la comparación, él tiene ese coche que es mejor que el mío, por lo que yo soy peor, es como siempre: olvidarnos de nosotros, para depender de los demás, es tan sencillo darnos cuenta de los males del capitalismo.

Otra cosa bien distinta es que en España seamos críticones, maléficos, un vistazo a T5 es suficiente para darnos cuenta de que el insulto gratuito vende, la denigración del otro como ensalzamiento personal, pecados pensamos que veniales, pero que son como las medusas, en apariencia estéticas flotando en el mar, pero corrosivas y de veneno duradero.

Yo que conozco bien la envidia, el compararme para salir siempre perdiendo, puedo afirmar que la envidia nunca es sana, no es el motor adecuado para ponernos en funcionamiento,  porque desear lo que el otro tiene, es en muchos casos olvidarnos de la sencilla pregunta ¿realmente lo quiero? Y generalmente es no, porque para querer el coche del vecino, también debes querer su vida y quizás eso, ya no nos interese tanto.

La envidia es la bruja de Blancanieves frente al espejo, es querer ser la más bella del reino,  como si la belleza diese la felicidad, como si algo que se puede perder no produzca miedo a su pérdida y por lo tanto lo contrario de lo que buscamos: nuestro bienestar.

Invitaciones

Ayer recibí la invitación a una boda para octubre, había varios compañeros de un antiguo trabajo, ahí hablé de como conocí a una de las que considero malas personas que he me he encontrado, y considero que han sido 3 durante este tiempo que llevo en el planeta.

En mi opinión, todos somos mitad hijos de Dios, mitad hijos del diablo, con algunas desviaciones y es en estas desviaciones donde se encontraba ese señor. También las he conocido para bien y alguna la mantengo como amiga.

Una de mis ideas para escribir un libro, era algo similar a “El diablo se viste de Prada”, al que podría haber titulado, “Ella va de Breska” donde parodiaría a mi ex jefa (hija del dueño) no es que fuera mala persona, bastante tenía, era simplemente que estaba ahí por ser hija, no por conocimientos, no al menos de marketing.  El enchufismo es una plaga,  según parece la empresa va fatal, también puede ser un problema: acabar con tu empresa, si solo te quedas con amigos y “palmeros”.

En la conversación surgió el ¿cuándo te vuelves a Málaga? Esa es la pregunta, y la respuesta es mientras los sueldos sean de 900 euros, no. Me encantaría vivir aquí, puesto que la calidad de vida, para mí es muy alta.

La tarde fue entretenida, teniendo que evitar la cerveza,  me hace ponerme como un globo, un café y una copa de vino blanco, rememorar que cualquier tiempo pasado siempre parece mejor, más ameno y divertido, pero es una trampa, la nostalgia es una gran mentirosa que nos evade de lo único que tenemos, el momento presente.

Lo curioso es que los optimistas y pesimistas tenemos puntos similares, intentamos dotar a nuestro pasado de significado, como si eso nos hiciera valer más, como si por arte de magia pensásemos que al cambiar el pasado en nuestra mente volviéndolo mejor, nuestro presente y futuro también lo serían, lo cual, a niveles lógicos, es absurdo.

Así que ahora tengo una boda, que perder unos 6 ó 7 kilos para entrar en el traje.

 

Melocotones

Es una de las frutas que mejor recuerdo, por su sabor y textura en la boca, es tan difícil describir olores y sabores, sentirlos con yogur, cuando me bañaba en la piscina de plástico y subía a la azotea, sentía el calor del suelo, como ardía y entraba en lo que era el lavadero y pensaba que perdería peso por el calor que hacía dentro. Una batalla, la mía contra el peso que está siempre en período de paz armada.

Recuerdos de infancia, donde un simple melocotón como el que acabo de comer me traslada. Yogures, melocotón, una piscina de plástico, un lavadero, todo es tan costumbrista, tan normal, algo de lo que huía y ahora quisiera volver a sentir, porque aquello era lo real y no esto. Sólo los niños conocen la vida, porque son ellos los que la miran desde dentro, pronto abandonamos esto, para mirarla de lado o con recelo, desde convencionalismos sociales, intentos de gustar; fui solitario y disfruté de mi soledad, hasta que la convertí en un fracaso.

Y no quería fracasar, ¿por qué? Ni idea, el fracaso es aceptar las verdades ajenas como propias, dejar que los demás, y los demás es tan ambiguos, moldeen nuestra forma.

Me gustaría ahora estar en una piscina, no de plástico, desnudo sobre una colchoneta, con un melocotón, pensando que no tengo nada más que hacer que sentir ese momento. Olvidarme de obligaciones que no son tales, y sentir como el melocotón, moja la comisura de mis labios, como su jugo se desliza barbilla abajo, una caricia dulce, como se pasea por mi barba, su olor me invade y como me importa poco que me vean. Porque el exhibicionismo también es una forma de aceptación y disfruto mucho de los placeres relajados.

Repúblicas bálticas…

Una semana sin escribir, por el viaje a las repúblicas bálticas, un destino para mí sobrevalorado que ya conocía, volver por motivos emocionales, no por que me apetezca.  Vinius, Riga, Tallin, sitios donde un café te cuesta 3 euros, lo gracioso es que dicen que están tiradas de precio. Muchos viajamos no por el placer de viajar, sino por ponerlo en las redes sociales, para no sentirnos fracasados, viajar es un motivo de orgullo aunque en muchos casos no de placer.

Se me hizo complicado despedirme de Vilnius, esta era la tercera vez allí y si bien no podemos decir, de este agua no beberé, me gustaría pensar que es la última vez, porque lo que me gusta es el mar, meterme en los sonidos de bucle infinito producidos por las olas, la humedad, la posibilidad de refrescarme. Luego irme de tiendas aunque no tenga que comprar nada y ver que hay de rebajas, aceptarme sencillo se me antoja harto complicado, pero es en la sencillez donde como reductos quedan los placeres complejos, emulando como siempre a mi inspirador Wilde.

La pregunta de si tuviera que vivir en cual viviría, creo que no elegiría ninguna, siempre hay otras opciones,  nos planteamos preguntas absurdas de respuestas insatisfactorias  ¿a quién quieres más? ¿con qué ex te lo pasabas mejor? ¿qué restaurante te gusta más? Como si al final, una cosa descalificará a la otra, las comparaciones no es que sean odiosas, es que producen odio de una cosa con respecto a la otra.

En cualquier caso, la semana ha pasado, no voy a evaluarla mucho más, ¿para qué? Salvo que quizás Manuel quiera hacerlo, porque existen dos viajes, el que hacemos y el que percibimos, y el segundo siempre es el más real.

Ahora toca hacerme otro café, sin nada que lo acompañe, la dieta manda, pensar en los otros  7 días de vacaciones que me quedan en Málaga, y disfrutar de tener conexión para volver a escribir.

El colchón en el suelo

He dormido en el salón, aire acondicionado, la noche me ha hecho sudar, dormir mal, mañana a estas horas estaré en el avión, hacia el frío, será un regalo el “mal tiempo”.

Corro las cortinas del balcón, entra aire fresco,  él la cierra, para mantener la intimidad, como si dos cuerpos desnudos tuvieran algo que esconder. La música es entre chill out y electrónica, anima pero en un punto cuasiperfecto, un equilibrio complicado, entre lo aburrido, lo movido, lo que relaja y lo que altera, mantenerse en el centro no sé si tan siquiera es físicamente posible viviendo en un universo en plena expansión.

Hoy tostadas, me sienta tan bien el pan de centeno, con huevos revueltos, tomate y jamón, no envidaba las palmeras que comía Jaime. Un plato muy estético y contrastado, el rojo del tomate sobre el marrón oscuro del pan de centeno, el blanco y amarillo de los huevos revueltos para rematar con el rojo del jamón… Hay delicias asequibles, hay maravillas al alcance de todos los bolsillos, hoy se presenta un día de lo más normal, necesito un pantalón vaquero, poco más. Ahora me tomaré otro café, y saldremos. Lo cotidiano cobra sentido en vacaciones, unos días llenos de horas que no te gustan, contrastan con unos días de vacaciones, donde un colchón en el suelo, una música agradable y una gran compañia, vuelven lo cotidiano, maravilloso.

Yo inventado.

Hoy empiezan las vacaciones, 15 días fuera de la oficina cambiando la rutina de lo que no me gusta por placeres sencillos, hoy me tomé unas tostadas con jamón y eso que no tomo pan, pero ya estoy de vacaciones.

Mi objetivo es hacer lo que quiero, olvidarme de obligaciones y ser consciente de ello, de momento Jaime me regaló el libro de “Manual para mujeres de la limpieza” de Lucía Berlín, me leí el primer relato y aunque según “The Paris Reviwe” su prosa desciende de Proust, creo que no, que es mucho más sencilla y ligera, lo cual, como primera toma de contacto tras años de libros de autoayuda es la mejor opción.

En el prólogo hay algo que me ha llamado la atención, lo que se llama “autoficción” que es disfrazar la realidad mediante el arte, lo cual me resulta llamativo. Porque creo que voy a empezar a hacer esto, y etiquetaré los Tags bajo un nombre, que será Manuel. Manuel seré yo inventado, porque la realidad no me interesa, pero es donde vivo… Y las incoherencias son la parte que más me fascina de la vida.

La coherencia es lo esperado, lo que se vuelve aburrido y rutinario, ¿quién quiere un florero? ¿y quién no ama unas flores azules de orquídeas en su punto álgido previo a la decadencia? ¿quién no ama la vulnerabilidad de la flor?.

Pues eso, que hoy nace Manuel, con una vida que le incomoda, porque la realidad no me ha salvado de la tristeza, quizás la imaginación, lo inventado, lo haga.

Pasen y lean.

 

Cualquier día es bueno

Cualquier día es bueno para darte cuenta de algo, lo que ocurre es que casi siempre me doy cuenta de las mismas cosas, de que no me motiva este trabajo, que no soporto la banalidad en temas profesionales, que las apariencias son perfectas en la moda, problemáticas en lo profesional, porque del vacío de conocimiento no puede salir nada duradero.

En cualquier caso, cualquier día es bueno para disfrutar de un café, sin más pretensiones que disfrutar de dicho café,  de esperar a que llegue Jaime, a pesar del calor y de tener que tirar el colchón el salón para disfrutar del aire acondicionado, que me iré a Vilnius, Riga, Tallín, que no me apetece ir de nuevo y que hay 20 grados, bendito contraste térmico, donde las mangas largas serán la obligación.

También cualquier día es bueno para tomar decisiones, que hagan caer nuestros cimientos, porque la pregunta es ¿quién quiere mantener un edificio en pie que no interesa? Hay moles que destrozan las vistas de cualquier cuidad, como cuando paseamos por una ciudad del mediterráneo, donde las constructoras se encargaron de destruir, a veces construir es destruir, paradojas de la vida. Y creo que dado el malestar que me provoca seguir así en mi trabajo, he de irme, manteniendome fijo en la decisión, sin importar los cambios. A veces por muy bonito que sean las paradas lo importante es llegar al destino, puede que este sea menos agradable, menos fructífero, pero es nuestro derecho a acabar el viaje, donde querríamos.

Descabezado.

Según la RAE:

1. adj. Que va fuera de razón. Apl. a pers., u. t. c. s.

2. adj. Distraído, desmemoriado.

Es curioso, porque pensaba que también significaría sin cabeza físicamente hablando, hoy me volví a despertar de madrugada, no sé si el calor o el aire del ventilador,  también la intranquilidad que me produce el irme de vacaciones y que no tenga nadie que me sustituya en mi trabajo, sobre todo porque se les puede ocurrir llamarme, lo cual en estas condiciones no me parecería justo.

Así que me levanto veo todo desordenado y caótico, Jaime llega mañana y no lo veo limpiando, mi casero viene hoy y tampoco quiero que vea “mi casa como una leonera” (una frase de mi madre) y que si volvemos a la RAE: (leonera: Casa donde se celebran jolgorios u orgías.)

Para mí las palabras condicionan y crean estructuras mentales, todo es un concepto mental, una silla se podría haber llamando dondemesiento y tener 6 patas, en lugar de 4, todo es convencionalismo, para podernos comunicar los unos con los otros, las palabras limitan, es por eso por lo que el arte abstracto tiene sentido, porque no encasilla y carece de dicho sentido, aunque los resultados en muchos casos no me gusten.

Ver un Mondrian, es ver cuadrados de color, pero también la imaginación te hará ver otra cosa más allá, no es el cuadro, es la evocación del cuadro a pesar de que en cualquier caso todo será mentira. Así que al final, hoy me levanté metafísico, todo es mentira porque todo es un concepto mental, y si es así ¿qué sentido tiene una realidad que depende del que la interpreta? La respuesta es, ninguno, por lo que al final, todo depende del cristal con que se mire, y la sabiduría popular ha ido por delante en muchos casos de los más avezados científicos.

Piet_Mondriaan,_1930_-_Mondrian_Composition_II_in_Red,_Blue,_and_Yellow

Ecuaciones.

Ayer fue el último día de mi sicoterapeuta hasta la vuelta de las vacaciones, prácticamente septiembre. Entonces durante la sesión surgieron estas palabra “no hago nada que me guste” y entonces surgió la pena.

Esa pena, que brota de forma tranquila y pausada, que va poco a poco anegando un huerto con plantas que no sé si quiero salvar. Ya hace tiempo que me percaté de mi insatisfacción, de no hacer casi nada que me guste, salvo cuando bajo a Málaga y voy al mar y entonces la paz me inunda, las olas y el agua, dan lugar a otro estado interno, de paz interior o cuando rebusco entre las tiendas de marcas como Carolina Herrera, algo de saldo que me pueda comprar, o cuando estoy abrazado a Jaime viendo alguna serie en el sofá…

Y claro está, la vida como  las ecuaciones son complejas o sencillas, hay grados, a veces no tienen solución en esta vida, en el campo real, pero sí en el imaginario, otras tienen infinitas soluciones. Y ahora estoy con una ecuación grande delante, la de dejar pasar esto que no me gusta, la de bajarme de un tren que no me lleva donde quiero o seguir así.

He elegido durante mucho tiempo la cobardía y no sé si es una opción, porque la cobardía es dejar las ecuaciones sin resolver, en lo real e imaginario, o peor, solo resolverla en el campo imaginario, donde lo único que pueden producir son insatisfacciones y anhelos.

Mirar una pantalla del ordenador para que pasen las horas y que llegue el momento de salir, no es la vida que quiero, una vida carente de color, porque el gris me gusta, ni siquiera es transparente, es un galimatías cromático indefinido, otra ecuación que no sé resolver.

 

1986

Imagen de extraída de aquí