Asertividad

Me cuesta decir lo que pienso, decir no cuando quiero decir no y al contrario, supongo que es un problema cultural, porque hay bastantes libros de autoayuda sobre el tema, que al final se resumen en lo obvio y que quizás por esto se nos escapa, tengo derecho a decir que no.

También a no responder, al silencio, a no decir nada que me comprometa o a empezar a dejar de participar en conversaciones de las cuáles no saco nada. Y no es que ahora sea un santo, pero sí soy consciente de que lo único que puede aportarme es basura. Las críticas y las quejas no suelen servir de nada.

Se suponía que escribir este blog cada día sería más fácil, porque la creatividad también se desarrolla, pero cada vez me resulta más complicado, muchas cosas las encuentro complicadas en estos momentos.

Y entonces voy a un Mercadona, suelo ir poco porque es el supermercado que menos me gusta, veo las caras sonrientes y parlanchinas de los cajeros y pienso que mi vida podría haber sido eso, una cara sonriente y parlanchina, expectante porque haya un programa en la televisión, que el lugar de vacaciones ideal sea una playa abarrotada con un chiringuito cerca. La vida no es sobre conseguir sueños, es sobres ser feliz y muchos de nuestros sueños son anclas que nos hunden en un océano de confusión, de falta de dirección que no sea tocar fondo, aunque desde ahí podamos tomar impulso. De no saber decir que no incluso a aquello que aparentemente es bueno como una oferta de trabajo en un sitio donde nos pagan más y no nos apetece ¿cómo vamos a decir que no? Y volvemos a olvidarnos de nosotros, de nuestros gustos, nuestra tranquilidad.

Ahora mismo me imagino feliz en un piso en Málaga cerca del mar, mirar las estrellas, la luna, respirar y sentir el olor a sal. Hay dos inmensidades que me relajan, ninguna la tengo en Madrid, ni el cielo, ni el mar. Y creo que no me importaría ser una cara parlanchina en un supermercado pues debe ser maravilloso lo cotidiano, el levantarte con alguien y darle un beso, tomar un café y poner la televisión de fondo, olvidarse de mis pretensiones y pasear un perro. Decir que no a los demás, cualesquiera que sean, y decirme sí a mi mismo.

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Otro 28+1

Ya comenté que odio el 29 es el número gafe para mí y aquí estoy, esperando que sea un día normal, dado que el 25 fue negativo, aunque liberador.

En la sicoterapeuta el otro día me di cuenta que para mí el cariño tiene mucho de contacto físico, creo que es lo normal, las emociones se expresan más fácilmente que se explican.

Ayer fue un día raro, mi otra manía es con los miércoles, en el trabajo empecé y ví que no me da tiempo a entregar lo que tengo que entregar el lunes, puesto que hay reuniones y pérdidas de tiempo continuas. Las reuniones y los emails son la mayor pérdida de tiempo que he visto en este país, porque te quitan una y te ponen otra.

Luego estuve en casa de una amiga, fui con una compañera de trabajo, la acaban de operar de las amígdalas, no podía hablar, se la notaba dolorida, 2 semanas de baja y pensé, ¡qué maravilla! debe ser jodido, pero también maravilloso no ir a un sitio que no te apetece por dos semanas, esa es una prueba más de lo poco que me motiva mi trabajo, veo más interesantes las bajas que lo profesional. Ella allí tendida con su perro, que es cariñoso y callado, la gata de su novio, que se pasea gorda y grande, como los gatos japoneses que mueven la mano, con una alevosía típica de perros grandes o de reinas de Inglaterra. Se escapó cuando ibamos a salir, escuchó un ruido y volvió a meterse asustada. Por lo visto el novio tiene otro gato, pero el macho se esconde y no sale. Por eso no me gustan los gatos, como dije antes soy de contacto físico en lo relativo al cariño.

En la clase de inglés también lo hablé, dije que España es un país de extrovertidos, que está es la virtud más valorada, que lo que se consigue, se consigue por contactos y no por talento, que la única forma de salir de esto es mediante la importanción de políticos alemanes. Mi empresa es un reflejo de esto, no se asciende por méritos, se asciende por relaciones. Luego pasa lo que pasa, que nos hemos quedado como me han dicho, “en la prehistoria” y al final no se consiguen clientes relevantes nuevos. Los empleados se retroalimentan, es como una serpiente que se devora así misma, cree que se está alimentando.

Y es la hora de salir de ahí.

Luz

Cuando era pequeño me llamaba mucho la atención el fuego, prendí fuego a unas cortinas, una vecina llamó a mi madre, también hice lo mismo con la máquina de coser, me metía en los armarios con velas para ver amanecer. Sobreviví sano y salvo, supongo que con unas buenas tortas por parte de mi madre.

Luego supongo que esto nos pasa a muchos, me encantaba y lo sigue haciendo mirar al cielo estrellado, donde las pequeñas luces se imponían tenues a la oscuridad o me imaginaba cuando iba en el coche la vida detrás de las luces que había encendidas. Todo esto tiene un nexo de unión, la luz.

Ayer en el trabajo intenté pensar de otra manera, salir del cubículo reducido en el cual me meto, la creatividad es la única manera de ser distinto de una forma sana, pero esa creatividad debe salir de la parte más luminosa que tenemos, porque cuando lo que hacemos, lo hacemos para llamar la atención, como medida de socorro y no como posibilidad para nuestro propio desarrollo, entramos en la espiral de sentirnos especiales y esto conlleva casi siempre el ser incomprendido.

No se me ocurrió nada, aún así estoy satisfecho, es mejor intentar las cosas, que quedarme en lo establecido, porque lo creado ya está y siempre podemos recurrir a ello.

Luego ya tampoco pasó mucho más, mis compañeros siguen en la espiral de críticas unos a otros, otros a los jefes, a veces participo, pero la verdad es que me aburre ese tema, no porque no pase, sino porque llevamos tanto tiempo, que hasta la ira que siento se ha apagado, no podemos mantener el fuego que produce nos produce una situación determinada por siempre, porque terminaríamos quemados.

En el viaje para la sicoterapeuta, me vine con una amiga, que empezó diciendo que le gustaba su trabajo, para terminar con un si me pagan más me voy, me pareció incoherente en su momento, ahora lo pienso ¿de qué sirve la coherencia? No es precisamente una gran virtud, que para mí son la esperanza (y es peligrosa), la integridad con uno mismo y la capacidad de dar y recibir amor. Puede que hoy desayune con ella, me gustaría no hablar de trabajo, porque es un fuego que ya no me interesa y la luz de este, me resulta cada vez más oscura.

Aleatoriedad

Hay gente que piensa que todo está escrito, que antes de nacer nuestro futuro ya está decidido, como si nuestro sino dependiera de Dios o de la genética. Otros que el futuro es un libro en blanco, que todo puede pasar en cada instante, mi teoría es más bien esta, como una mariquita que se pasea por una tela de araña, entre distintos hilos, si bien no todos los caminos son posibles se puede llegar a casi cualquier punto, eso sí, siempre habiendo seguido un hilo, la vida es algo continuo.

Pero ¿y si esto no fuese cierto? ¿y si existiesen posibilidades de pasar de un punto a otro sin tener que pasar por en medio? Esto no sé si se dará a nivel de agujeros negros o micropartículas, en la vida real este tipo de saltos se da rara vez: cuando el hilo se rompe y caes en otra telaraña totalmente distinta.

Un día caminando por la calle hacia el trabajo, decides que no vas, que no es lo que quieres hacer y regresas a casa, llamas al casero y le dices que vas a dejar el piso, te metes en un portal inmobiliario y miras otro sitio, otra ciudad donde vivir. Las calles son nuevas, el asfalto es nuevo, las distancias serán más cortas o más largas, pero las miraremos con otros ojos. Creo que son sanas estas sacudidas, porque la vida también es también sobre tempestades, de mantener la calma durante las mismas, no intentar proseguir un estado de paz, que no puede durar siempre, porque en el mar no siempre es verano y hasta el sol tiene sus propias tormentas.

Dudas

Las dudas me asaltan, hoy era el día con más suerte del año, el 25 de septiembre, pero no ha sido así, es un día soleado, caluroso, estuve en la playa, ya casi vacía, solo el estruendo de los aviones rompía la calma. Creo que me he quemado, lo cual es raro, no he estado más de una hora y media.

Estuve en urgencias, mi bastión se ha debilitado espero que temporalmente. Ahora el abrazo, diciendo que la quiero también ha roto unas cadenas que me envolvían, las emociones que han sido largamente reprimidas, ahora pueden salir. El intento de vacío emocional, ya no puede ser contenido. Explotar con una estrella en medio de una galaxia, insignificante y al mismo tiempo poderosa, todo mi universo siente este estallido porque ya no hay más, detrás de la explosión puede surgir un agujero negro que absorba todo, incluida mi máscara.

Romperse, como una ola frente a la roca a la que arranca determinadas partículas que formarán la arena en la orilla, donde otros se tumbarán, que el calor haga arder y el mar pasee por todos sus dominios, ser una partícula en suspensión y sentir la ingravidez, ver la realidad de las micropartículas, estar en dos partes al mismo tiempo…

Cuando dos elementos han estado juntos, lo están para siempre, todo provino de un big ban o de Dios, pero al fin y al cabo, da igual el nombre que ponemos a las cosas, damos mucho poder al pasado pensando que si lo entendemos, el presente cambiará y quizás el verdadero cambio sea romper con él. Como cuando te vas a otra ciudad, lejos de la tuya, donde apenas conoces a nadie, las calles parecen nuevas, por las bonitas te paseas una y otra vez, mirando, te sientes perdido y al mismo tiempo reconfortado de las infinitas posibilidades de esta nueva isla que somos todos. Ahora creo que hay que construir puentes entre las islas más interesantes, porque una cosa es disfrutar de la soledad y otra cosa bien distinta es vivir en ella. Ser un hermitaño, no entra mis planes.

Nunca y siempre

Estoy escuchando Madsi de Troels Hummer, me parece una canción preciosa. Una de las mejores inversiones que he hecho es  Spotify Premium el disponer de toda la música sin anuncios y poner un disco a sonar, sin miedo a interrupciones, que fluya por si mismo.

Son las 8.40, tengo que ir a un vivero por abono para las orquídeas, me traje dos tallos de una que había en el trabajo y me gustaría que estas sí crecieran, rompiendo esa  suerte extraña que tengo con las plantas. Aquí empiezan los nunca, porque pienso que nunca tendré suerte con ellas, lo cual no es cierto. Mis polaridades son síntoma de un desequilibrio emocional y según acabo leer en El País, lo mejor para esto es la sicoterapia , a la cual ya voy desde hace 7 años. No sé si ha habido mejoría, o tal vez es otro placebo. En cualquier caso me ha servido para detectar determinados puntos:

  1. Rara vez nunca es nunca y siempre es siempre.
  2. Muchas veces utilizo poder en lugar de querer. No es que no pueda quedar contigo a las 7 para tomar café, es que no quiero, prefiero hacer otros planes o quedarme en el trabajo en una reunión. Dado que  puedo levantarme e irme, dejar lo que estoy haciendo, nadie me está apuntando con una pistola.
  3. Tenemos dos partes, la esencia y la máscara, la mayor parte de lo que hago lo hago para ser aceptado, desde una máscara que poco tiene que ver con mi esencia.
  4. Las cosas que hacemos sacan lo mejor de mi mismo o no. Criticar a un compañero ¿saca lo mejor de mi mismo? ¿sirve para algo constructivo?. Y  sí, a veces es divertido.

Creo que son 4 aprendizajes que me han resultado bastante caros, y que cualquiera que lea este blog y los integre, se habrá ahorrado mucho tiempo y dinero.

Ahora me haré otro café, mientras la música sigue sonando, me acuerdo que le primer Buddha Bar que descubrí, se lo compré a un mantero  en la plaza de la Merced, fue el número V, que aún así para mí sigue siendo el mejor de todos ellos. Estaba con una amiga, una amiga de ésta, a la que no soporto, en un bar que se llama Calle Bruselas. Esas noche me quedé  a dormir en casa de mi amiga, desde donde al levantarme se ve todo el mar, esa inmensidad azul, teñida de plata viva por la mañana.

Ahora ha pasado tanto tiempo, no me quedaría a dormir en casa de esta amiga, pues se ha casado con alguien que no me gusta, llevo muy mal a los destructores verbales, sutiles a veces,  agresivos otras, son muy difíciles de detectar,  ella piensa que él puede cambiar porque en ocasiones está calmado, como si un lobo se pudiera domesticar o estar en el ojo del huracán nos  diese algún tipo de seguridad.

 

Olvido

Ahora mismo solo escucho el sonido de la nevera y el de un autobús que acaba de pasar.  Son las 6.20, me gusta el silencio de las grandes ciudades, hay mucho contraste y  esto  me llama la atención.

Recuerdo que me gustaba mucho la Nochevieja o la nochebuena cuando era pequeño e iba a casa de mi tía, la que aún sigue con vida, miraba por la ventana y veía los edificios con casi todas las luces  apagadas, luego había algunas encendidas, como un cielo estrellado hecho de ladrillo y hormigón. Me imaginaba el interior ¿qué podía hacer una persona a las 2 de la mañana? Daba igual que fuese Nochebuena o Nochevieja, eso no estaba en mi cabeza, solo las luces de los edificios, mi imaginación y el paseo en coche, los dueños de las luces podrían estar viendo la televisión, terminando de comer o fregando los platos, las cosas cotidianas son al final las que llenan la vida y son las que más menospreciamos. Hasta que murieron mis abuelos y se dejó de celebra era como un ritual.

La muerte siempre irrumpe, ya sea esperada o no, y acaba con una realidad, el nuevo estado puede ser de liberación y agradecimiento como cuando muere un familiar cercano tras una larga enfermedad o como un tornado siendo nosotros un barco, que nos arrastra una y otra vez al fondo de un océano que cada vez vemos más oscuro. La ciencia no puede luchar contra ella, porque ella no lucha, no necesita tan siquiera defenderse, su guadaña es implacable.

Entonces estos recuerdos infantiles se me olvidan, y tengo que hacer un esfuerzo para recordar que fui feliz, que cuando miraba al cielo abrazado a mi perro en las escaleras de casa, la inmensidad del cielo en aquel instante me devolvía al estado infantil de mirar edificios en Nochevieja, que no sabía que era y que no importaba y que por eso era especial, porque un niño no pone etiquetas, al menos yo no las ponía.

Pero llegaste tú, muerte, y acabaste con las nocheviejas y las nochebuenas, después con mí tía y posteriormente con mi perro, y el olvido no es la cura, pero el recuerdo es la pena.