Olas de calor

No sé cuántas veces voy a nombrarte este verano, no sé cuántas veces vas a provocarme dormir mal, estar cansado, agotado, eres como los mosquitos, no sirves para nada, miro reconfortante que en dos semanas bajan pero  sé que es mentira, porque hace algún tiempo miré y le correspondía a la semana que viene.

Hoy me asomo al balcón en slip a las 6 de la mañana, la calle desierta, ola de calor en el mes de septiembre, ¿cómo puede ser esto? pues es la realidad. No hay frescor matinal,  lo que sí vas a conseguir es que huya de Madrid. Hay que vivir cerca del mar, esto no lo aguanto es un desgaste, es como las gotas de agua sobre una roca, va poco a poco moldeándola pero no quiero ser moldeado por ti, no me vas a hacer un David de Miguel Ángel, sino una gárgola.

Sin embargo me imagino en Málaga, un día como hoy, ir a la playa al atardecer, ver como la brisa me recorre, el silencio se enciende,  la noche empieza a amanecer, las estrellas se despiertan y las posibilidades se me antojan infinitas, como el mar se vuelve tornasolado de grises, el agua baila como si se tratase de un caleidoscopio que solo da lugar a figuras redondeadas, metalizadas, en una danza alegre y caótica. Todo es ese instante, toda mi vida en ese instante y en ese instante toda mi vida, sería la Señora Dalloway.

Ayer tuve una visión en una rotonda mientras miraba la fuente, una sensación firme de poder tomar las riendas, de dejar todo para empezar de cero, de que si seguía esta vida, es porque quería hacerlo, que ahora mismo podría irme y plantearme ¿qué quiero hacer? ¿qué me apetece hacer? Disfrutar de la literatura, hacer yoga, ir al gimnasio un par de horas al día, pasear por la playa, regresar a los placeres cotidianos y dejar la búsqueda de complejos hedonismos. Porque una gran vida no es en la que se hacen grandes cosas, es la que disfrutamos cada instante, en la que tenemos la sensación de que no querríamos cambiar nada, aceptación y disfrute.

Y sin embargo aquí estoy pasando calor, pasando horas, sin apenas tiempo para  libros o yoga, solo las plantas me demuestran vida en esta habitación, parece que el vinagre de manzana curó al aloe vera. Ayer mi casero me dijo que estaba muy “bueno”, los efectos del gimnasio y las camisetas ajustadas, hoy me pesé: un kilo menos, al fin.

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