Cansancio

Anoche me costó dormir por una cuestión del trabajo y hoy me desperté a las 5. Cuando estaba en la cama agobiado pensaba, lo peor que puede pasar es que me despidan y llegados este punto, no sería un gran drama, sé que sería más feliz con J o en Málaga. Sigo posponiendo el irme de aquí, pero cuando ayer nos cobraron 6.90 por una caña y una cerveza sin alcohol, sé que es hora de decir: adiós Madrid.

Cuando me tomaba la cerveza con este amigo, el también lo tenía claro: si a su pareja la destinaban a otro sitio, por ejemplo Sevilla, el se iría. Creo que esta ciudad es lo contrapuesto a lo que quiero, hoy veo en el Mundo, un pueblo abandonado que gracias al turismo rural ha recobrado la vida, y no me veo viviendo en un pueblo así de pequeño pero preferiría eso a estar aquí, volver a tener relaciones con personas y no con edificios, no tirarme horas en atascos, un aire contaminado y viciado. Sé que las calles de Madrid son lo más parecido a las venas del ser humano, un correr de células de un sitio a otro, locas por llegar y soltar su carga, para volver a tomar oxígeno, que eso tiene su encanto, pero como en Las Horas, se debe elegir la vida para encontrar la paz y la vida no es ir de un sitio a otro como pollo sin cabeza. A veces debe perderse la cabeza pero siguiendo el rumbo de nuestros anhelos como medida terapéutica, salirse de lo establecido, pero siempre respetando que es lo que queremos hacer.

Cada vez me cuesta más asumir que vaya a vivir aquí mucho más tiempo, porque no quiero, y podría dar muchos argumentos, pero es que no quiero, no me da la gana y siento el bicho en mi interior, sacando su rabia al escribir esto. Que algo no me guste, no quiere decir que sea malo, simplemente que no me gusta, creo que cuando me tomo las opiniones como verdades es cuando empiezo a generar problemas, si entendemos las opiniones como un simple punto de vista, que es lo que son, todo deja de ser tan dramático, lo que los demás piensen de nosotros, no nos convierte en lo pensado, lo curioso es que si piensan bien solemos tomárnoslo como un falso halago y si piensan mal, nos planteamos el ¿será verdad?.

Hoy llegaré a Chamartín, veré el largo atasco, como una serpiente que se mete en una madriguera impasible, tomándose su tiempo hasta llegar a donde quiere, tendré que andar y para rodear el atasco coger otro bus que se suponía más lento pero que llega antes y reptar a ese  agujero llamado Las Tablas. Ya sólo me queda un relato para terminar a Lucía Berlín, mi acompañante desde Agosto, a la cual estaré agradecido por una simple razón, ella vivió la vida, trabajo de enfermera o limpiando, pero según sus relatos vivió no se limitó a existir. Cuando describe el mar, la sencillez de las casas de los pescadores, como se metía dentro, me parecía que yo me metía con ella, que me sumergía e incluso hacía el amor bajo el agua.

 

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