Actualizaciones

Ayer por la noche no pude escribir, se estuvo actualizando windows.

Fue un día como muchos otros, otra sucesión de momentos perdidos que no recordaré. Lo único el mal ambiente en mi trabajo que es cada vez más patente entre los compañeros y los jefes le echan la responsabilidad a ellos, como si esa, la de que sus subordinados estén, estemos, a gusto no fuese la suya.

Las amistades creadas se irán erosionando, como la roca en el desierto, que terminará por efecto del calor diurno y el frío nocturo con la ayuda de la erosión del viento, trasnformándose en partículas insignificantes que deambulan sin rumbo, por un limbo geográfico.

Hay quien dice que “la amistad es como un jardín, que hay que cuidarla” y no por obvia y poco artificial no tiene razón. Puede echar unas raíces profundas que la mantendrán fuerte, pero hay que regarla de vez en cuando, si no se secará. Y es ahí donde la distancia supone un peligro. Pues es eso, lo que estoy viendo, porque las distancias más peligrosas no son las físicas.

Una caos organizativo, con cambios de reuniones sin tener en cuenta la posibilidad de la asistencia a las mismas, con pocas perspectivas de mejoras y una disminución de una ilusión por un proyecto que si bien a mi ya no me importaba mucho, parecía en algún momento ilusionante.

Hoy ya me desperté con los alaridos de la hija de mi amiga y vecina. Una diva de la ópera ha nacido, su voz descontrolada es como la lengua de un camaleón, larga y termina trayendo lo que necesita, en estos casos a la madre. Los niños son persuasivos, son conscientes del amor que le profesan y no son tan santos porque la manipulación vía llanto es brutal, lo que los salva es que lo hacen desde la inocencia y la necesidad de amor, pero tarde o temprano crecemos y entonces percibimos que el amor no lo podemos conseguir llamando, porque el amor no se pide, se da y es aquí donde reside la sabiduría. Porque nos empeñamos en recibir amor y dar quejas y lamentos en unos casos como el mío y otros dan atenciones y cuidados, pero con el mismo fin. Y creo que las leyes del amor son otras mucho más complejas de explicar, pero podría decirse que “El amor no se puede guardar dentro, porque es como tener una vela apagada, solo cuando se enciende, se ilumina tiene sentido y es entonces cuando puede encender a muchas otras velas que darán luz a su entorno formando algo cálido, acogedor”.

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