Mi primer bizcocho

Ayer hice el primer bizcocho creo, no recuerdo si lo hice con una bizcochera… huevos, harina de coco, aceite de coco, miel, leche de almendras,  cacao natural, levadura y un pelín de harina de trigo. El resultado es esponjoso y poco dulce, me gusta, porque es algo que he hecho yo, es como el tener ya la casa con varias plantas, la vida podría ser eso, hacer bizcochos y ver creces las plantas. Lo cotidiano.

Estoy viendo “Transparent” a pesar de que es un suicidio no verla con subtitulos, mi inglés no llega a tanto, me gusta porque reviste a la transexualidad de una capa de cotidianeidad, un día eres hombre, al día siguiente eres mujer, como en Orlando de Virginia Woolf, nada más. _A partir de aquí se desarrolla la historia, de una forma desdramatizada (para lo que podría llegar a ser).

Quizás eso sea la salud mental, desdramatizar y disfrutar de lo cotidiano, podría ser la versión de light del bizcocho de la felicidad, al menos ya sé dos de los ingredientes, de lo cotidiano ayer disfrute con dar un paseo solo, hacer el bizcocho y cambiar una planta. Desdramatizar me resulta más complicado, pues tengo miedo de defraudar a la gente es un miedo que me gustaría perder, porque me hace perder la naturalidad y evita mi entrega, la entrega que es la llave al AMOR con mayúsculas.

Es un miedo atroz a perder el cariño que si fuese real no podría perder, una sensación de estar solo continua, rodeado de arboles que en su día fueron preciosos, pero ahora están muertos con un camino de baldosas amarillas que seguir pero que no me lleva a ningún lado, porque no tengo esos zapatos de charol grises. Y ahí me encuentro. Y sé que estoy dramatizando, pero es una parte compleja o sencilla, porque bastaría con hacer preguntas tan simples como ¿tú me quieres? y si la respuesta es sí, soltar los lastres y al menos como una pájaro que se escapa de una jaula, poder volar libre en la habitación, estirar las alas y ver la jaula desde fuera, poder decir, como me quieres soy libre contigo y tú eres libre conmigo.

Entonces los zapatos de charol volverían a mis pies, los árboles se volverían frondosos y el camino de baldosas, dejaría de ser laberíntico, para ser una recta hacia Oz donde al fin poder descansar de expectativas que creo que tengo que cumplir, de satisfacciones que no son ni mías.

 

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