No

Es tan difícil rendirse como seguir, cuando digo rendirme, quiero decir desistir por completo, dejar la esperanza, el hacha de guerra, el abandonar el juego que ya no me interesa, el saber que algo que no saca lo mejor de mí, no tiene sentido continuarlo. No puedo plantar mediocridad y esperar que surja maravilla, porque las cosas no funcionan así, esto sí es antinatural.

Hoy tomé café con una amiga, y le dije cual era mi situación profesional, me dijo que saliese corriendo,  ayer me dijeron lo mismo y aún así tengo miedo a perder un trabajo que me drena, que no me aporta.

Ya puse que es como una estrella siendo devorada por una agujero negro, una resistencia entre mi luz, contra lo que me quiere absorber, una agujero negro que se revela como ansiedad, desasosiego, rabia, ira y mediocridad, un cúmulo, una poción que lejos de ser mágica, sólo produce oscuridad. Sería fácil decir que puedo aguantar y aún siendo así, sería más feliz quedándome mañana en casa, que regresando, porque regresar supone volver a acercarme al borde un lodazal en el que poco a poco me voy sumiendo, sumergirse entre lo que nubla mi vista, me ensucia y me hace peor. Las agonías duelen más al que las padece que al entorno ya que cuando acaban las personas próximas lo ven como una liberación, aún así el enfermo desea un fin rápido porque el desenlace ya le es conocido.

Futuros posibles Málaga, Logroño, Valencia,  Barcelona o seguir físicamente en Madrid, pero intentar mirarlo desde otro sitio, que me produzca otras sensaciones o al menos otras esperanzas.

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