Córdoba

El viernes me fui a Córdoba a una boda, me sorprende como todavía la gente se siga casando. El matrimonio es la primera causa de divorcio. J vino el jueves por la noche y se quedó a dormir, me recogió en el trabajo, comimos con una amiga y ya hacia Córdoba.

Una hora más de lo previsto, por lo previsible en Madrid, los atascos llegamos a Córdoba. Una vez allí dimos una vuelta y nos fuimos a cenar. Hubo cosas que me llamaron mucho la atención una de ellas, el silencio que había al pasear, eran poco más de las doce de la noche y me acerqué a una fuente, el ruido del agua caer era maravilloso, no había apenas ningún ruido más. Calles estrechas que me trasladaban a otros tiempos y a unas ganas de quedarme en allí, entre olores a jazmín en algunas zonas, tranquilidad y mirar al cielo y ver las estrellas.

Respecto a la boda hubo una señora, con un puesto de responsabilidad, que iba borracha como una cuba, si es que no iba puesto de otras sustancias, que perdió los papeles por completo, desde agarrar barbas a algún asistente, al que llamaba hipster, subirse a bailar una silla, tirarse en el suelo bocarriba y dar la voltereta inversa (esto me hizo dudar de que fuese borracha) hasta tener sexo con un ex becario de mi empresa, ella que era una mujer casada. Esto viene a decirme lo que también ya sé, en este país desde luego que el saber estar, la educación consiguen poco y el ser una contorsionista borracha te hace alcanzar un buen puesto.

Así que aquí me encuentro, pensando que soy incapaz de ahorrar dinero desde que vivo en Madrid, acosado a impuestos, incapaz ni tan siquiera de plantearme comprar un piso y una señora de ese calibre me duplica seguro el sueldo.

Esto sí me frustra, me incapacidad de ahorrar, porque así ni puedo hacer un master, ni puedo comprarme un coche nuevo, ni podré irme de viaje por mi próximo cumpleaños donde me apetezca y tendré que mirar el presupuesto.

Ayer hacía planes con J, para volver a Córdoba, a su magnificencia humilde, a su olor y a sus silencios, a ese restaurante visitado por cordobeses, donde el salmorejo sabía maravilloso, y el pollo al limón (que es una receta de pollo rebozado con limón, como si de los boquerones se tratara)  me hacía disfrutar como un niño cuando abre regalos el día de reyes y descubre que le han traído por arte de magia lo que el había solicitado. Eso sí, habrá que esperar ya al año que viene, porque este ya lo doy por concluido a nivel de viajes más allá de Málaga y Logroño.

 

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