Látigo

Ayer en la sicoterapeuta, tuve otra idea clara, que he de volverme práctico, pasar del pensar al hacer, que el personaje que piensa y no hace, es un castigo, lo llamé Látigo.  No sirve pensar en tener varias plantas en el salón y dejarlo como idea, porque esto es simplemente un castigo mental que termina produciéndome sensación de abandono, cansancio y me inutiliza.

Me tiré dos semanas para plantar un poto pensando que el tiesto que tenía no valía, que tenía que ser más pequeño, más bonito, lo único que hice es perder el tiempo, pensando en otro futuro ideal.  Mi mente es como tener limones y esperar que se transformen en piñas, en lugar de hacer limonada.  Pero lo vi claro, este personaje me castiga, porque lo único que puedo hacer viviendo desde él es frustración, nunca tendré lo ideal, porque estando allí ya no quería un tiesto verde lima para el poto, quería una lampara turquesa del cual el poto aflorara por la pantalla. Pensar que existe algo mejor que lo que hay, sacar “el látigo” continuamente.

Hoy me desperté a las 5, dolor de garganta, tenía mucosidades, así que hice gárgaras con vinagre de manzana, del cual soy muy fan. Espero que no me de el fin de semana en Logroño con J. Ahora son las 6 menos 10 y me tomaré el segundo café, tras ver otro episodio de Younger, el personaje joven es bastante guapo y se definió en una entrevista como sexualmente líquido, que no tenía problemas ni con hombres ni con mujeres. La belleza, se une a la apertura mental.

Por lo demás ayer me dieron “el pésame” por La Veneno bastantes personas en la oficina, de la cual soy seguidor, soy porque siempre estará ahí con su “digo” con sus frases malsonantes y espontáneas, esa fuerza que trasmitía y ese coraje con la vida. Estaba cabreada y luchaba. Ella con la belleza se sobrepuso a su difícil infancia, se hizo prostituta, lo cual no debió ser sencillo, por elegir ser quien eres. No me gustan las críticas personajes que han tenido infancias duras, porque esto nos hace responsables a todos como sociedad, los niños son muy maleables, en el sentido del mal y en las capacidades de cambiar de una parte luminosa a la otra que es la que es lo peor de nosotros. No podemos coger a un niño darle limones y que saque piñas al fin y al cabo.

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