Vitoria

Ayer estuve en Vitoria, el día afeo mucho a la ciudad, que con luz debe ser bonita, una plaza imponente que termina con una iglesia a media altura donde creo que se encontraba la Virgen Blanca. Un cielo gris, apagaba la ciudad, volviendola predecible, con una sensación como si las calles se repitieran, como si nos pasearamos por una galería donde solo existían bocetos del mismo cuadro, todos distintos, pero al mismo tiempo parecidos e inacabados. Quiero volver, con la luz, con el cielo azul, rendirme aquella plaza y pasear por esas calles tranquilas.

Allí conocí a un amigo de J, el chaval a pesar de verse majo, me aburría porque era todo estiramiento y una sensación de estar forzado, a pesar de los intentos y lo agradable que parecía, lo encontré inquisitivo, preguntón,  serio, lineal y con eso a mí también me puso en tensión en algunos momentos. Asimismo dejó claro por comentarios supongo que subconscientes, que en muchos casos denotan como nos encontramos realmente, que tardaríamos en vernos, puesto que cuando J le dijo: a ver si nos vemos en otra ocasión, su contestación fue, algo así como: sí, cuando haga mejor tiempo, estando en Noviembre que es la antesala del mal tiempo hasta abril… falta bastante.

Tampoco es que tenga mucho interés en verlo, si hay que estar como con su amigo de J  o como en la boda de mi compañera de trabajo, pues bien, pero me gusta estar a solas con J, porque estamos en un punto que si nos ponemos en el sofá a ver una serie, yo al menos estoy bastante relajado y en paz

Esta noche me desperté sobre las 3,30 o así, me tomé un protector de estómago, tenía acidez así como ansiedad por el trabajo, por volver hoy a Madrid, sabiendo que mañana tengo que volver a ese lugar…  Hoy pensé en varios momentos quedarme en Logroño y decir mañana que había estado malo el domingo y que no podía ir.  Así podría volverme mañana a Madrid, esto que nunca lo he hecho, ahora me apetece lo que denota  hasta que punto me gusta ir a trabajar donde lo hago ahora mismo.

Esta mañana salimos a dar una vuelta nos tomamos un cerveza y para casa, donde comimos, y me pareció perfecto que fuese así.  Ahora pienso que la sicoterapia me hace efecto, digo lo que me apetece e intento hacerlo, sin más, pero también estoy a gusto sin hacer grandes cosas. La felicidad y la sencillez deben ser primas hermanas. El bar era de estilo vintage, cuando entramos tenía música de Bowie, una mujer de los 40 pasados y más cerca de los 50 o incluso habiéndolos superado, era la que lo llevaba, agradable y directa, como deberíamos ser en la mayor parte de los casos. J se pidió presa ibérica, yo tataki de atún, como pincho, bastante buenos, el resultado, 10 euros por dos cervezas y dos pinchos, Logroño no es ciudad para pobres.

Lo que si me ha matado es la vuelta en bus de Alsa, un autobús que parecía escolar, donde apenas tengo espacio para moverme y son 4 horas de trayecto, menos mal que en Soria, paró 8 minutos y pude estirar las piernas, estaba medio agarrotado, encogido, esto me pone de mal humor, aparte con la oscuridad y la luz tenue que dan las bombillas que hay en la parte superior de los buses, es complicado leer según que libros, lo intenté con Proust, tuve que volver a uno de autoayuda. Logroño está muy mal comunicado, el servicio de tren tampoco es bueno y tarda lo mismo. La Rioja debería reclamar unas mejores conexiones con Madrid.

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