Leonard

Mirar la vida  a la cara, siempre mirar la vida a la cara y quererla por lo que es, cuando la conozcas y la quieras por lo que es, entonces podrás guardarla dentro. Querido Leonard siempre los años entre nosotros, siempre los años,  siempre el amor, siempre,  las horas. V. Woolf en Las Horas.

Esta no es una frase, es la frase que más me ha impactado de todas las pelis que he visto, me parece perfecta, simple “Mirar la vida a la cara”  y ¿qué es mirar la vida a la cara? Es olvidarse del miedo que supone el cambiar, el rendirse a ella, porque es indomable, somos caballos en libertad que nos intentamos domesticar, seguir unas directrices pensando en una jubilación, ¿para qué posponemos el tiempo libre para hacer lo que nos gusta cuando ya no podremos disfrutar de muchas cosas por las limitaciones?

La vida como contraste a la muerte, creo que es la última la que nos hace apreciar la primera y por eso la tememos, porque la muerte le da sentido,  y nosotros lo olvidamos, entonces llega ella y ya nada podemos hacer. No sé si catalogar a esto de curioso o de patético.

Me desperté dos veces esta noche, soñé que volvía a fumar y hace 12 años o así que lo dejé por estas fechas, la última a las 5.15 cuando me levante, ahora me duele la cabeza, en la habitación no se oye más que el leve ruido del portátil, en breve empezará el devenir de buses, tráfico, el ruido se instaurará porque la paz, no puede durar mucho en una ciudad como esta. Ahora, en mi estado debería salir a comprar flores, soy una señora Dalloway.

Pienso en trivialidades como que tengo que dejar el regalo para chica que viene a limpiar, hoy tengo sicoterapeuta, una entrevista, trabajar, e intentaré ir al gimnasio a las 10 de la noche, porque es lo que me gusta, ir al gimnasio. Esto debería ser una obligación, hacer todos los días algo que nos guste, una ley kármica aceptada, porque cada día que no hagamos algo que nos guste, un día menos de vida, entonces seríamos más divertidos y locos. La cordura está sobrevalorada, pensamos que los locos son los demás cuando van hablando por la calle, mientras nuestra mente está pensando en si dejamos  el horno encendido.

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