Clases

Ayer di clase en una escuela de negocios de nuevo. Me gusta dar clases, a pesar de que haya algunos a los que no les interesaba o no se enteraban de nada de lo que yo decía. Sentirme escuchado me gusta, tener la sensación de que aporto. Lo que ocurre es que mi trabajo demasiado estándar no me permite demasiado a la hora de aprender y por lo tanto las clases que puedo dar, están bien para gente que quiere tener unas nociones básicas. Me gusta profundizar en las cosas, hacerme un experto en un tema, la cuestión es que es imposible en mi trabajo actual.

Creo que el mundo de la consultoría sería más adecuado que el mundo de la publicidad, este último es demasiado superficial, enfocado a engañar y a que se gaste el dinero en cosas que no sirven de mucho. O el mundo de la enseñanza, mi búsqueda de la trascendencia, el sentirme útil. Soy partidario de las cosas aparentemente inútiles, como que la gente vaya a hacer cucharas de barro, que no se podrán usar para nada, pero el trabajo, es distinto, aquí creo que debemos tener una misión, un objetivo de que las cosas sean mejores, no peores.

El tirarme en mi trabajo la mayor parte del tiempo en gestiones, no me aporta absolutamente nada. Encima atascos a diario, ayer fue horrible. Tenía una reunión en el centro y el taxista al borde de la exasperación, diciendo que en Nochebuena estaría solo, que mandaría a su mujer a su pueblo, que el no cogía el coche, que ya no aguantaba más. Me sentí identificado con él. Madrid es una estafa, es la eterna promesa, pero al final, es un atasco continuo, unos niveles de contaminación brutales, unos precios por las nubes, ¿quién quiere vivir en eso? Porque los sueños son bonitos, si son alcanzables, en caso contrario son pesadillas disfrazadas, son como avispas, siempre rondándonos, pero solo nos va a poder aportar una picadura. Y en eso estamos en una ciudad decadente, que morirá por la ineptitud política, porque hay más miedo a perder votos que a hacer felices a los que aquí vivimos con decisiones arriesgadas. Se deberían dar clases de ética a los políticos, también de valentía.

Hoy ya falta una semana justa para la noche más emblemática del año. La Nochebuena, algo que las salas de discotecas, no se han cargado todavía, hay tradiciones que deberían ser mantenidas, porque la Nochebuena no es una cena, es volver al punto de origen, al punto del que nunca nos deberíamos ir, ese punto de gravitación infinito, que todo lo atrae, y alrededor del cual siempre deberíamos girar,  porque sino nos sentiremos como un astronauta, solo, flotando sin un rumbo definido. Porque es donde nacimos, donde nuestros recuerdos se construyeron, donde en la mayor parte de los casos encontraremos la paz, porque es allí donde encontramos la alegría más innata.

 

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