Querer

Decía Wilde que había dos dramas en la vida uno era no conseguir lo que se quiere, el otro conseguirlo. Ahora estoy en esta dicotomía, puesto que probablemente pueda cambiar de trabajo. Los miedos que tengo ahora mismo es la necesidad de seguridad, de si me voy y me echan al mes, me quedo sin nada, tras más de 5 años en la empresa. Como siempre el miedo juega un papel importante en mi vida. Pero también lo juega el malgastar mi vida en una empresa donde no siento que no se me valora y por otro lado, me tiro unas dos horas y media en atascos de forma habitual.

Así que bueno habrá que ver en que se convierte todo, pero ayer estuve con un amigo que vino a verme, la verdad es que el se fue a A Coruña con su novio y según me dijo, era más feliz que nunca, y realmente dado lo que he visto de su carácter no tiene porque mentir y no creo que tienda a hacerlo. Si hay algo seguro en la vida es la incertidumbre cotidiana, todos podemos morir en un acto terrorista o nos puede tocar la lotería y cambiar nuestra vida. El azar es caprichoso y existe, porque yo que estudie matemáticas, veo que hay muchas de las cosas que ocurren,que  a priori tenían probabilidad demasiado próxima a cero como para que así ocurriesen, pero ahí están y se manifiestan. Al padre de este amigo le tocaron 3 veces la lotería, también le ardió la casa 3 veces. Así que  si no es azar, no sé que puñetas es.

Mi conexión con lo que quiero es extraña, porque me cuesta, sé que quiero más dinero, sé que quiero tener más tiempo libre, sé que quiero a J y que quiero a mi madre. Lo curioso es que pase lo que pase tres de las cuatro, permanecerán invariables. Siempre he buscado bastiones fuera y ahora es el momento de buscarlos dentro, no puedo forzar el amor ajeno, a pesar de que es una de las cosas que he intentado siempre vía la admiración, pero la admiración, es como el reflejo en un profundo lago, distorsionado y con riesgo de caer y no tocar fondo, porque puede que en un tarde de otoño, mientras los árboles son dorados, y marrones, donde el sol nos acaricia con la dulzura previa a la huida que supondrá el invierno y las hojas llueven en una lenta armonía, decidimos sumergirnos en el deslumbramiento a los demás, para intentar ser luz, pero lo único que conseguiremos será con suerte un resfriado y en el peor de los casos nos convertiremos en un personaje que nunca conocerá el amor, porque solo podemos querer a los demás por lo que son, al igual que ellos a nosotros y cuando nos transformamos simplemente dejamos de ser yo, pasar ser lo que tú esperas, y cuando tocamos el fondo de ese lago de admiración, como en Alicia, estamos en otro mundo, que ya no es nuestro, sino de los demás, lleno de distorsiones y falta de realidad.

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