Calorías

Es lo más  grande que tiene la Nochebuena sin duda, no lo más bonito, pero si lo de mayor tamaño.  Hoy sin duda es de los días más tristes, porque las calles están vacías y esta imagen de tristeza, no me gusta demasiado.

El día de Navidad es muy contenido, al contrario que el de Nochebuena, donde había un trasiego de ir y venir que siempre he encontrado fascinante, ayer quedé con un amigo sobre las 7 y era sorprendente, ver las calles prácticamente vacías, solo los chinos abiertos, pero aún así había en algunos bares gente brindando hasta el cierre. Gente con un par de copas de más con un sombrero de Papa Noel y un cubata en la mano. Al final, puede que esto sea la Navidad un motivo para celebrar con las personas que más quieres algo.

Aunque esto se puede hacer cualquier día del año, pero si no se fija en el calendario, no existe. Necesitamos puertos donde volver durante la tormenta y este es uno de ellos. Lo que más daño me hace, es pensar que nadie me quiere, el verme desprotegido ante una realidad que en muchos casos veo cruel y en pocos casos amable. Luego, pienso en los ¿para qué pienso que todo va a salir mal? ¿Es este catastrofismo lo que me limita? Hay sentimientos que lo hacen y  mucho uno que tengo advertido: la vergüenza, el ser incapaz de entrar ayer a un bar y decir, ¿a qué hora cerráis? Mi amigo lo hace sin problemas, a mí me cuesta bastante.

Entonces es cuando veo toda mi estado cosmológico, quizás cosmoilógico. Lleno de limitaciones, de personajes: miedoso, catastrófico, débil, incapaz, vergonzoso, envidioso, dependiente en exceso. Estos son mis grandes agujeros negros, donde las estrellas serían, una capacidad de expresarme con palabras, la posibilidad de unirlas, la consciencia cada vez más mayor de mi mismo, mi capacidad de análisis, mi fidelidad ¿Pueden estas pequeñas estrellas luchar contra esos agujeros negros? ¿Puedo como Sebastian en La Historia Interminable, con granos de arena reconstruir un reino más pacífico, más luminoso? Y al escribir esto suena WWIII y me entran muchas ganas de llorar, un nudo en mi estómago, diciendo suéltame, deshazte, fúndete, entrégate a mi. Entonces tal vez unos agujeros se absorban entre sí, y las pequeños David, ganen la batalla a esos Goliath.

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