10

Hoy es 10, uno de mis números favoritos, no solo por la alegría cuando recibía esa nota en el colegio, también nací un día 10,  si juego con los números de mi fecha de nacimiento soy un 4, como eneagrama también y sano en el 1, que es el equivalente  a 10. Debería aprender algo de cábala, me gusta mucho jugar con los números.

Hoy estoy de muy mal humor, no dormí bien y esta vez no es por el calor. Ayer en el AVE ya empezó el cabreo, niños gritando, pagar 127  euros por ir una guardería móvil… entiendo que la gente tenga niños, suelen ser adorables y yo no tengo porque aguantar sus adoraciones. El egoísmo es necesario para disfrutar del libro de Lucía Berlín, entre ruidos no puedo concentrarme en sus palabras, en esas descripciones simples y efectivas, alejada del barroquismo de Proust al cual curiosamente tengo ganas de volver a leer en Sodoma y Gomorra.

Luego fui a la cafetería, probable “despiadada” de soltero, gente que se cree divertida por ir haciendo el mamarracho, el concepto de diversión debería ser redefinido para ver si nos ahorramos horrores estéticos y comportamientos con los que sí te ríes lo haces por compromiso, sentir vergüenza ajena no me gusta, eso es que me hace falta sicoterapia, porque situaciones como la anterior deberían traérmela al pairo. La ventaja es que me ahorre pagar 2,60 por una coca cola ligth, ya que me marché al ver gente con polos de Springfield rosa similar a un león marino gritando, no sé el interés en parecerse a un documental que podrían echar en la 2 de TVE.

Lo que no sé gestionar es mi mal humor, sé que lo ideal es dejarlo estar, luego quizás en la playa o con una siesta se me pase. El mar tiene la capacidad de relajarme, el oír las olas,  el ver como la gente empieza a irse y todo vuelve a la calma, el olor a mar, el tacto de los pies en la orilla como se hunden en la arena húmeda, meterme en el agua, hacerme el muerto,  ver el cielo ingrávido flotando en el mar, ver como el mar se apaga para encender la luna…

 

Venganza contra uno mismo.

La venganza esa otra virtud olvidada, esa que establece leyes amorales, es dulce y dicen que fría se sirve mejor.

Un acto de venganza fue ignorarme mucho tiempo, ahora entiendo el motivo que no las formas y para un intento de superficial como yo, las formas son tan importantes como el fondo. Una noche quisiste  volver con tu ex, pero viste a tu ex cogido de mi mano. Tu cara descompuesta fue mi victoria, cuando me diste la mano y siempre dabas besos,  temblablas, sentí tu miedo, tu frustración, todavía la siento al rememorar esa noche.

Eramos parecidos, ahora no sé como eres, supongo que poco has cambiado. Ahora que te debates profesionalmente, al igual que yo, crees tener claro hacia donde vas y recurres a los personas que previamente has ignorado. Alejandro, crees que puedes pisar con indiferencia y recoger perdón, pero el mundo no está tan evolucionado. La vida, se venga por desgracia incluso de quien no debe y tú no vas a ser la excepción.

¿Te acuerdas de nuestro primer beso? Probablemente no, yo sí Alejandro. Y surgió la mayor de las venganzas, no contra ti, sino contra mi mismo por no ser querido. Surgió la mayor de las insatisfacciones, el ¿por qué no me quieres? Y la bestia, que es todo el odio que llevo dentro surgió para quedarse.  Donde antes había un equilibrio inestable, surgió la inestabilidad en equilibrio, donde antes había una aceptación física, surgió la necesidad de ir al gimnasio.

Tú fuiste el detonante, pero yo fui la carga explosiva, el responsable soy yo, no tú, no pienso darte tanto poder. Pero tras la explosión ya no era el mismo, me vengué contra mi mismo por pusilánime, por débil, abandonando parte de mí, pensando que sería mejor.

De las venganzas contra nosotros mismos surgen otro yoes, igual de real o falso que los anteriores. Lo que ocurre es que a veces enterramos  la parte la bondadosa e inocente, esta parte se queda olvidada y en lugar de compasión, sentimos indiferencia en el mejor de los casos, odio en el peor.

Y sabes que luego tu querías ser mi amigo, volviste porque estabas solo, pensando que yo era una especie de Santo y fuimos relativamente amigos, pero me aburrías, todo terminó y sabes que me importó entre 0 y nada, tu amistad me producía no odio sino indiferencia.

Y aquí dejo algo de la letra la canción Hacia el abismo, no porque tenga mucho sentido, sino porque la recuperé el otro día y me encantó.

 

Debes saber que
si pudiera elegir
entre el placer y el dolor
elegiría los dos
tú sufrirías por mi
yo gozaría por ti
es la justicia de Daimón

Enamorarse por primera vez

Creo que gran parte de la gente no se enamora nunca de verdad, simplemente se sienten solos, ven a alguien que les cuadra y establece una relación,  no es el amor el que da lugar a muchas relaciones, es la soledad, lo cual ya lo enmarca todo

Estaba hoy en la playa y veía una persona sola, me miraba él estaba desnudo, yo vestido, nos separaba la linea que separa la playa nudista de la que no lo es, se veía solo, estaba solo, como la mayor parte de la gente que allí había, el viento movía grandes cantidades de arena, formando una niebla molesta que hacía que muchos bañistas se fueran y eso que yo me vine a las 11. ¿Qué hubiese pasado si me hubiese acercado y le hubiese dicho hola?

Son las típicas preguntas que me planteo,  quizás se hubiese molestado, quizás me hubiese dicho hola, ¿cómo te llamas? las posibilidades son infinitas y solo hay una forma de responder a esa pregunta. Diciendo hola. ¿Cuántas posibilidades dejamos escapar por no haber dicho hola? ¿Cuántas relaciones de pareja o no, hemos perdido? ¿Cómo sería nuestra vida si dijésemos hola?

Cuando me levanté esta mañana mi madre me contó un cotilleo: el vecino odiado por todos, que vivía con una mujer antipática, que arañaban los coches si le aparcaban en la puerta, que iban con delirios de grandeza viviendo en una de las peores casas,  por el tamaño de las misma, habían terminado.

Ese señor que me hacía la vida imposible cuando mi perro ladraba, mi perro, ese primer gran acercamiento al  amor que tuve, esa mirada tierna donde perderme en el infinito, esa incondicionalidad.

Ese señor que cogía el teléfono y hablaba siempre con el ayuntamiento para no decir hola, que nos hacía creer que su relación era perfecta, cuando no eran más que dos locos, resulta que ha dejado a su mujer por un hombre.

Supongo que ahora él se ha enamorado por primera vez, y la mujer y reconozco que me alegro, por lo imbécil y lo mal que me cae, estará hecha polvo, pensando qué que ha hecho ella para merecer esto, pues ser una maleducada, borde y “siesa”.

Y él ahora, bajará a la entrepierna de su primer amor y dirá esto es lo que me gusta, ya no llamará al ayuntamiento y quizás diga hola. Y la moraleja, es que a veces no nos enamoramos jamás, pero a veces incluso “cambiamos” nuestra orientación por otra, que el cariño no mantiene la relación en muchos casos, porque una erección es más fuerte que una demostración, por otro lado falsa del amor de cara a la galería.

Y ella, tiene las ventanas cerradas y se esconde, por la vergüenza de haber sido dejada y probablemente de saber que nunca se enamoraron de ella, de su pelo estropajoso, de su mirada inquina,  de su mala educación y ahora las tornas hacen que la miremos con pena que supongo que es lo que más la fastidia. Y él, ahora baja y pensará en el tiempo perdido, en que su histeria, quizás proviene de que era más de carne que de pescado.

Raras veces nos enamoramos de verdad, nos enamoramos hasta no ser capaces de decir bastas, hasta ser incapaces de decir un pero, muchas veces construimos algo desde el cariño y desde luego que quizás a veces funcione, otras, sin embargo una erección acaba con todo.

tamaralempika

Tamara de Lempicka,

 

Melocotones

Es una de las frutas que mejor recuerdo, por su sabor y textura en la boca, es tan difícil describir olores y sabores, sentirlos con yogur, cuando me bañaba en la piscina de plástico y subía a la azotea, sentía el calor del suelo, como ardía y entraba en lo que era el lavadero y pensaba que perdería peso por el calor que hacía dentro. Una batalla, la mía contra el peso que está siempre en período de paz armada.

Recuerdos de infancia, donde un simple melocotón como el que acabo de comer me traslada. Yogures, melocotón, una piscina de plástico, un lavadero, todo es tan costumbrista, tan normal, algo de lo que huía y ahora quisiera volver a sentir, porque aquello era lo real y no esto. Sólo los niños conocen la vida, porque son ellos los que la miran desde dentro, pronto abandonamos esto, para mirarla de lado o con recelo, desde convencionalismos sociales, intentos de gustar; fui solitario y disfruté de mi soledad, hasta que la convertí en un fracaso.

Y no quería fracasar, ¿por qué? Ni idea, el fracaso es aceptar las verdades ajenas como propias, dejar que los demás, y los demás es tan ambiguos, moldeen nuestra forma.

Me gustaría ahora estar en una piscina, no de plástico, desnudo sobre una colchoneta, con un melocotón, pensando que no tengo nada más que hacer que sentir ese momento. Olvidarme de obligaciones que no son tales, y sentir como el melocotón, moja la comisura de mis labios, como su jugo se desliza barbilla abajo, una caricia dulce, como se pasea por mi barba, su olor me invade y como me importa poco que me vean. Porque el exhibicionismo también es una forma de aceptación y disfruto mucho de los placeres relajados.