Espejo, amor secreto.

Mirarse en el espejo es un acto cotidiano, me miro continuamente, esperando ver algo distinto, algo con el empuje para cambiarlo todo. Sería maravilloso, pensar que el espejo es mágico, no para  decirme que soy el más guapo, lo cual no sería cierto, si no para trasladarme a otro mundo, a un mundo invertido.
Donde solo me preocuparía por las cosas importantes o ni por esas,  donde seguiría mis sueños sin miedos, esas majestuosas frases, casi pornográficas, ¿qué harías ahora si no tuvieras miedo? Que en mi mundo actual es como, ¿Qué le pedirías al genio de la lámpara? Un cigarro, ¿tal vez?. El miedo es inherente al ser humano, es instinto de supervivencia, lo cual, me daría mucha nota para seguir viviendo, porque vivo en él.
Quizás golpear el espejo, romperlo en pedazos, sea cambiar la realidad, mi realidad, de hecho cambia a cada instante, la única cosa constante es el cambio, paso de un estado a otro, pero cada vez estoy más muerto, pues cada instante nos acerca más al final, que no sé si absoluto o parcial, pero final.
La muerte, es el fin de toda vanidad, de todo orgullo, es la redención, la expiación, es la vuelta a la esencia del nacimiento ¿aceptamos? ¿Aceptaré? ¿Volveré a esa inocencia o haré como muchos que se empeñan en seguir atados con un hilo de esperanza, que al final conforma una tela de araña, donde la araña es el tiempo y ella decide cuando devorarnos, pensando que podemos esquivarla?

En el espejo todo es diferente, no hay miedo, no hay muerte, solo un nacimiento continuo, porque en cada momento nacemos, con la misma vitalidad que en el instante anterior, vivo en el aquí y ahora y veo todas las posibilidades, la muerte no existe, pues el futuro, tampoco lo hace, el desamor no puede conmigo, porque me quiero y me acepto, ya no me prostituyo, ya no tengo miedo al caos de la vulgaridad y lo cotidiano, a lo rígido de la emoción tempestuosa… Sería maravilloso tener un espejo mágico, pero de momento solo tengo las palabras.

espejo
Espejito, espejito, ¿cómo paso al otro lado?
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Impotencia

No saber qué hacer, sentir que no puedes modificar las cosas, que te mueves en arenas movedizas, pero las arenas no son profundas, simplemente te inmovilizas, para bien, para mal, sigues vivo, rodeado de lodo.

El paraje siempre es desolador para el que piensa que no puede, poder es una actitud mental, lo sé, pero la mente no cambia de un día para otro. No es posible elegir entre iguales, lo obvio es elegir entre desiguales es más fácil. Siempre nos queda la Diosa Fortuna, una moneda que dictamine que camino seguir. Ahora tengo la moneda… Tirarla y seguir hacia delante.

No sé, es una sensación tan frecuente en mi, el no puedo hacerlo, pero realmente, no se puede no poder, es totalmente contradictorio, solo que elijo poder otras cosas. Mientras, espero que llegué una tormenta, que se lleve el lodo y me libere, siempre esperando ángeles y ayudas externas, porque las fuerzas internas están constreñidas, ¿cómo liberar a lo que tienes miedo? Liberar mi fuerza, es liberar mi sombra, lo que no he utilizado nunca, la carta de la fuerza en el Tarot, es una de las recurrentes una dama con la boca de un león, que no se sabe, en el de Marsella, si la abre o la cierra, ¿quién es el león y quien es la señora? ¿Será la señora nuestro personaje y el león nuestra realidad? ¿nos equivocamos al pensar que nuestra parte humana es la más real?

No lo sé, tampoco hace falta saberlo. Solo que para salir de la impotencia, hace falta fuerza y dejar al león, a nuestro león, que ruja.

Una gota que recorre mi cuerpo

Una gota va desde la frente, acaricia mi frente, hasta llegar a los ojos donde se confunde con una lágrima, empieza a acariciar mis mejillas, corre lenta e inexorable hasta la barbilla, allí brilla con la luz del sol, hasta caer sobre la tierra seca que este mes provoca en el Retiro.

Allí frente a la estatua del Ángel Caído, como una parte de mi que quiere irse, cuando nada de mi le apetece quedarse, el Ángel que parece aterrorizado y que tiene un poder casi absoluto, salvo quizás, por algo, que siempre me he repetido, donde hay luz no puede entrar la oscuridad, también parece tener miedo.

Esa gota que anoche pudo recorrer otra zona de mi cuerpo, eligió este camino para desaparecer, pudo ser anoche una gota que recorría mi espalda, mientras estaba en la cama, mientras tenía sexo, mientras los movimientos no eran lo cadentes que debían, porque el miedo se ha instaurado en mi personalidad, unos miedos, con los que ni Kali, la Diosa Hindú, representada con un collar de cabezas humanas,  pueda acabar, porque los miedos, son nuestros y sólo aceptándolos podemos acabar con ellos y en la batalla que empezamos con ellos, sólo podemos perder.

La vida, mi vida, no es infeliz, no es plena, es un estado de normalidad alterada, una gota que recorre este universo, como una lágrima de un Dios, que aunque me sienta bajo, abandonado, sé que es Dios, Universo o Destino vela por cada partícula que ha creado, pero correr cansa.

Todo el Universo, todo este calor de agosto, me agota, me apetece, ser una gota dentro del mar y bailar con espuma, tocando tu cuerpo, paseándome por él una y otra vez entregándonos sin vergüenza a que yo me pasee por todos los rincones y tú, inconsciente me dejes hacerlo, me apetece visitarte como una gota que recorre tu cuerpo.