Prada versus Primark

No puedo ser feliz, cuando intento ser diferente del resto, porque si encuentras alguien feliz, surge la contraposición. No se puede ser estrella y agujero negro al mismo tiempo, o tal vez sí. Sé que el cuerpo ya me pide romper con este pasado, con un trabajo que si bien no me pagan mal, tampoco lo suficiente como para seguir atado a una vida que no es la que deseo.

Hay dos corrientes en mí, la de los extremos y la aceptación o ir al punto medio y contemplar, creo que ambos puntos son válidos, y me muevo ahí, distancias imposibles de cubrir en un espacio no cuántico. He pretendido ser estrella y agujero negro, humilde y orgulloso, sumiso y poderoso, todo está en mi, pero al final, tampoco se si nada está en mí. La máscara, que llamo eneagrama numero 4 con ala 3, el “burgués”, se apoderó de mi, y ahora ¿qué soy? ¿quién soy? y lo más importante ¿qué quiero hacer?.

Solo los niños, son absolutos, por eso me asombran, lloran o ríen, saben que les gusta y que no, y perdemos esa capacidad, esa flexibilidad y ternura, para compertirnos en seres rígidos, que muestran una capa fría y distante. La evolución y la edad, son contraproducentes para la raza humana.

Ahora, que siempre “el burgués” que hay en mí, toma el poder, se frustra, pero mi otra parte, esta bipolaridad frecuente en todo el mundo que conozco, me dice, esto no lo haces por ti, lo haces para los demás, esa confrontación de mar bravo contra acantilado que se derrumba, pero que promete aguantar durante mucho tiempo, ese odio a lo que puede representar un Primark y el amor a lo que nada supone que puede ser un Prada. Porque el elitismo, que persigo no es más que una falta de amor hacia mi, un intento de sentirme superior, y solo por ello soy inferior, porque como dijo (más o menos me niego a hacer copy-paste) mi maestro de cabecera Wilde:

Todo santo tiene un pasado y todo pecador un futuro. Por eso no deberíamos juzgar tan a la ligera.

Y el elitmos pasa de juzgar algo como mejor que otro, cuando nada es mejor o peor, depende de un juicio y como tal, es inexistente, al menos desde una perspectiva física. ¿qué es un juicio? ¿tiene materia?

Así que hay dos opciones, darme cuenta de que ni Primark es tan malo, ni Prada tan bueno, porque al final, solo me llevaré las experiencias vividas, y eso no es una marca.

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Ya no estás

Ya no estás, ya no suena el móvil con tus whatsapp, tu infantilismo, tu alegría, tus miedos, al fin y al cabo todos somos niños en cuerpos que envejecen, te echo de menos, siempre me acordaré que lo más cerca que he estado de la plenitud ha sido contigo, cuando nos abrazamos en un bar de mala muerte, la felicidad se concentró, como el big ban, explotó y creo un nuevo universo, ya que mis ojos, no volvieron a ser los mismos.

Pero ese universo ya no se expande, se contrae hacia un agujero negro, donde la luz ya no escapa, donde tú, que eras la estrella que lo alimentaba ya no está, y no sé si existe la posibilidad de reconciliarse, porque aunque así sea, no puedo forzar a que me quieras, es curioso, como muchas de las cosas que me he planteado en la vida las he conseguido, salvo evadir esta soledad, que es caníbal se alimenta de si misma para no dejar entrar nada más.

Y no es que este un estado depresivo, las pastillas de la alergia me dejan en un letargo también existencial, pero el aburrimiento esta aquí, me espera bostezando y yo, me caigo frente a él y me quedo dormido, pensando que en este río de pirañas donde me empeño en pescar, saldrá alguna sirena o dios Neptuno a rescatarme.

La vida sigue, seguirá sin ti, no es que vaya a morir de esto, porque la pena en una persona como yo, es un apéndice sempiterno, pero eso no quita que te eche de menos, la edad me ha enseñado que se sobrevive a estos estados, que la ilusión es como el verano, siempre llega, puede ser más breve, más corto, pero ahí está y siempre nos regalará melocotones que morder y vistas al mar.

Ya no estás y te echo de menos.

La edad del infortunio

Cumplir años, esa cosa para que la que falta menos de un mes, pero la edad es una forma de categorización, de juzgar como joven o viejo de pensar que ya no podré hacer determinadas cosas, que el tren ha pasado, que el arroz también, ¡tantas expresiones para el derrotismo”…

Es verdad que no volveré a ser niño, ni adolescente, pero puedo volver a ser joven, reinventarme, ¿no es acaso el derecho de todo ser humano el poder empezar de 0? el tiempo es lineal o discreto según queramos, discontinuo porque en todo momento se puede romper con lo anterior, pero aún así habrá líneas, resortes, imaginarse el tiempo para mi, es como intentar definir lo que no existe, es una invención, lo podría definir como una espiral de dentro hacia fuera, en la que ganamos perspectiva, pero con agujeros de gusano, que nos podrán llevar a otro sitio, a veces buscado por nosotros, otras por el azar.

Lejos del fatalismo y la religión, levantarme no me cuesta, me cuesta venir al trabajo y ver que hago lo mismo, intentar hacer cosas, pero realmente ver la intrascendencia de las mismas, la edad, me pesa, pero porque sigo pensando que la tengo, que es mía, reinventarse debería ser una obligación cada año bisiesto, dejar lo que hacemos para hacer algo que nos apetezca más, los problemas, el miedo, tener miedo es muy humano, también aquí los religiosos los tienen más fácil, quizás yo también, tener fe en un futuro, en que el destino juega a favor y no en contra, aunque para mí sea al contrario… El tiempo no se escapa de nuestras manos, porque no se escapa lo que no existe, el pecado debería ser cumplir años, porque eso es sentencia.

Imaginarme en una playa viendo amanecer, con un libro, pensando en escribir otro, y vivir de eso, sería maravilloso, no aspirar a tener bolsos de Louis Vuitton, simplemente a ver el mar y amanecer, a ser feliz con eso, porque la búsqueda de la felicidad, es la elección de la infelicidad, sé es feliz o no, en este instante, buscar es pensar que no lo tenemos y aquí se encuentra el principal problema, espero que el mar me bañe alguna vez y que con las olas, se lleve mi edad y mi tiempo.

Conversaciones de un eneatipo 4 desde el otro lado

Escucharte fue curioso, como tenías miedo a conocer a alguien, porque podría salir mal, aquella ansiedad de la que yo ya sé que se sobrevive, los años, esa forma de encasillar a la gente como joven o viejo, que nos hace olvidar que hay viejos de 20 y jóvenes de 80, ayudan, como sentías angustia para darle tu número de teléfono…

A lo que ya me sale, ¿qué más da? Una vez detectada, una vez analizada tu soltería y tus fracasos anteriores, caerás en la misma trampa, nos interesa lo que no podemos conseguir, porque nuestra creencia, es si lo consigo no es bueno ¿y quien quiere algo malo? el problema es que cuando desaparece, volvemos a ganar interés.

Un yoyó emocional, una ida y venida, enamorarse de quién de ti no se enamora, que bonita canción de Camilo, porque si se enamora pierdes el interés, pero ¿cómo salir de esa rueda del infortunio? Darnos cuenta, que da igual, porque al final la soledad es el mal de este siglo, que la mejor inversión son los amigos, y luego la pareja, porque esta puede rellenar huecos, pero la amistad llenará cuando el hueco de la pareja llegué, las relaciones ya son líquidas, vienen y pasan ¿quién quiere un amor para toda la vida?

Quizás el próposito en la vida sea experimentar el amor, y para esto, muchas personas han de pasar y enseñarnos lecciones, porque la humilidad del que quiere aprender, debe superar al orgullo de saber lo que va a pasar, empezar de 0 en el amor varias veces, para percatarnos de que la única forma de querer es queriéndonos a nosotros mismos y quererse a uno mismo es evitar sufrir por todo. Replantearse que quizás el principe azul no existe, y sean varios pajes y para aquellos más afortunados, que el paje se desarrolle, enhorabuena.

Conversaciones místicas en centroeuropa

He estado en Budapest y Praga, ciudades bonitas, imperiales y al mismo tiempo sobre toda la primera con toques decadentes, creo que Budapest sería un buen ejemplo de ciudad 4, bonita en el interior, pero con temores, elegante, pero al mismo tiempo llena de Kebabs, la exquisitez de un edificio, la vulgaridad a pocos metros, un deambular entre lo histórico, lo que supo crearse y lo que importó un pimiento rehacer.

De todas formas, mi superficialidad manda, no había chicos guapos, no era lo más común, tampoco en Praga, he de reconocer que solo en Suecia, vi mucha gente guapa, estereotipos rubios supongo, las calles no estaban llenas, salvo las zonas muy turísticas, que son bonitas, pero todo era un centro comercial, Praga imperial, convertida en Praga mercenaria, esa costumbre de hacer lo bello tienda de souvenir, los sitios con encanto ahogados al convertirse en restaurantes italianos, comida que me encanta, pero en Praga espero encontrarme otra cosa…

De todas formas lo que veo, es lo que llevo dentro, la belleza está en la capacidad para mirar, no en lo que miramos, pero me agota lo comercial, ver las mismas tiendas que en España, gente comprando para ser feliz, esa sensación capitalista que la felicidad es hermana del dinero, el capitalismo puede describirse como el paso de la búsqueda del yo, a la búsqueda de Louis Vuitton.

Pero la conversación que me quedará es rebatir que todos buscamos la felicidad, porque la buscamos otra cosa es cómo lo hacemos, pensando en una felicidad eterna tras la muerte o quizás que la muerte sea la felicidad, todo vino a raíz de un documental sobre el aumento de suicidios entre hombres en Reino Unido que salía en la BBC, todo porque uno de mis amigos, dijo que ir al sicoterapeuta es una tontería, se nos enseña a no mostrar emociones a reprimirlas, reprimir una emoción, es como talar un árbol, impedir que crezca como deba, la naturaleza no tiende a la represión solo a la fluidez, los ríos tienden a volver a su sitio natural, aunque nos empeñemos en poner urbanizaciones y presas, tarde o temprano, ella, naturaleza, cruel, cariñosa, fuerte y dominante, aparece, como la justicia en el tarot y nos pide cuentas, entonces nos parece venganza, pero ¿es vengarse tomar lo que te ha sido robado?

No hay árbol feo en un bosque, solo singular, vivo o muerto, pero a los hombres se nos enseña que solo los rectos, fuertes y grandiosos tienen cabida, no puede haber sauces llorones, solo robles, no puede haber árboles desviados creando bellas singularidades, no podemos perder las hojas para mostrar nuestra desnudez, solo lo perenne nos está permitido.

Pues quiero ser un árbol desviado, al que se le caen todas  hojas de vez en cuando, al que le salen otras, no intentar parecer un roble, porque no lo soy, ¿quién quiere la rigidez cuando sueña con bailar? jugar con el viento y que me defina el tiempo, hacia la izquierda, expandirme por un sitio  buscando la luz, ser más verde en la sombra, no dar frutos si no es necesario, simplemente aceptar que no hay que ser árboles, quizás flores, quizás arbusto, no ser un rosal lleno de espinas, ¿para qué? impresionar a los demás, no es más que la falta de valor en mi mismo, porque la sencillez, es la humildad y la humildad es hermana de la paz interior, porque si bien la felicidad puede ser inalcanzable, la paz interior aunque sea vía lexatín, se puede alcanzar de forma momentánea, saber que el equilibrio es vivir en el desequilibrio y que no importa, que crear presas para retener las aguas de la emoción, solo hará que cuando estalle se vuelva incontrolable y quizás sea bueno así, porque todos soñamos con un día en el mar, aunque hayamos sido arrastrados hacia allá, porque al librarme del peso de la represión, el sol parece más sol y el mar, más bonito

Praga Praga

Pequeñas explosiones cotidianas.

Tener la sensación de que no soy importante, que de los 3 soy el menos perfecto, el menos querido, el más fuerte y por ello con necesidad de menos atención, dicen que la fuerza es una virtud, pero no tanto cuando la has tenido que sacar para enfrentarte tú solo a un mundo, que sin ser cruel, a todo niño le es inhospito.

No puedo enfrentarte al mundo, porque “no puedo” es mi mantra y… ¿ esta letaína? ¿por qué hay verdades que tomamos como verdad a pesar de que son igualmente tan falsas que otras más positivas?.

Dicen y digo que el perdón, es el único camino para la paz interior, pero no tengo zapatos para recorrer ese camino, ni zorra idea de dónde se encuentra, busco quién me lo enseñe, tampoco hay carteles, pero es un camino complicado, aceptar no ser el preferido de tu madre por ser el más fuerte, entendiendo por fuerza, inteligencia, pero la fuerza en mi es como la solidificación del magma, que se dendurece, pero sigue caliente en su interior, dejando esa intensidad ahí, que en cualquier momento puede resquebrajar y salir a la superficie, pero se endurecerá relativamente pronto, pequeñas explosiones cotidianas para formar una piedra deforme, un frankestein emocional. Todo niño debe sentirse el más querido, porque en esa sensación nacerá la seguridad que es bueno y que se merece lo mejor de la vida, lo contrario será la búsqueda del castigo, que es más mi búsqueda.

No es que todo vaya mal en mi vida, creo que es una vida normal y corriente, mi batalla contra la normalidad, es un extraña batalla, porque siempre quise ver las maravillas de está pero al mismo tiempo lucho contra ella, pensando que tiene que ser mejor, la rendición, el bajar las armas, el enfriar la lava interior y mirar sin miedo, las miserias y los diamantes creados, la luz y la sombra, las posibilidades y las imposibilidades, las medias verdades y las medias mentiras, dejar el “absolutismo” para impregarme de los matices, abandonar la noche para seguir el camino de las luciérnagas.

Yann Tiersen, Naval, Piano

Poesía inacabada, el eneatipo 4 en el amor.

Cuando soy un 4 sexual, mi vida gira en torno a la pareja, algo que en el 4 es común, la sensación de ser incompleto, inacabado, de que alguien llegará y nos completará, me completará, nos volverá “correctos”, completos, dejaremos de ser ese medio pepino amargo, y con el otro medio seremos, no ya una curcubitácea, sino la orquídea más exótica jamás hallada, lo cuál ya es una locura en sí.

Y no sé si quiero se una orquídea cuando lo que envidio es la normalidad, ser alguien que se conforma con un café viendo el mar, escuchando a Najwa, como ocurrió ayer, sonaba “following the dolphins”, seguir a los delfínes, lo único que fallaba era mi Suecia, el allí, al lado como dos amigos, mientras, mi fusión con él cada vez es más lejana, seguiré siendo un pepino. El se sorpendió como todo el mundo ahora con las mangas cortas de mis brazos, ya más marcados, el peso, gracias a la ortodoncia y la dieta, pero el que se siente un patito feo, no llega a ser cisne…, es tan común fijarme en lo exótico, en un rubio, primero Finlandia, ahora Suecia, pero tienen algo en común, no sucumben ante mí, porque si lo hiceran, empezaría a agobiarme y pensar que hay algo erróneo en ellos, pensar, como pienso, que no soy merecedor de algo bueno, es la esencia que me da mi númerito.

Siempre pensé que la Gestalt, y su darse cuenta serviría, pero la mierda no se va solo por saber que está ahí, quizás sea el primer paso, pero es inútil, la telequinésis me resulta extraña, la brujería en este universo quizás no funcione como debería, sería fácil hacer desaparecer la mierda mental, pero la felicidad ayer si ocurrió, mientras miraba al mar con el café con Bayleis, la sensación de que aquel instante sería recordado para siempre, porque después me di un masaje y todo fue maravilloso, con todo un pero, Suecia, un beso de Suecia, que si hubiera ocurrido, también me habría agobiado, ni contigo, ni sin ti.

El amor se me representa como una poesía inacabada, trágica a momentos, cursi y romántica en otras, escribir hasta le infinito, pensando que acabará en algún momento, y en ese instante los versos finales podrían ser:

Tendidos en el sofa,
mirando por la ventana,
aprecié que todo lo que busqué
no existía más allá
De nuestras bocas unidas
Y que si separaban
yo sería yo, él sería él,
pero la eternidad nos cobijaría para siempre.