Bajarse del tren

Hoy al bajarme del AVE al llegar a Madrid, sonreí cuando se me vino  la idea de que a lo mejor ya es el último puente de la Hispanidad que paso viviendo aquí, que en lugar de venir, me marcho porque haya venido a pasar el puente.

No sé si será el último, pero tengo la certeza, la que me puede causar la intuición,  que no habrá muchos más, que podré estar en Málaga o en Logroño o en Mallorca, pero estando donde quiero y con la sensación de tener tiempo para estar con quien quiero.  La cuenta atrás ha empezado, si bien empezó el día en el que trabaje en Las Tablas y sufría atascos cotidianos, tanto como la contaminación o salir a cenar y  que te cobren un pastón.

Sonreír con esta idea, me da una seguridad de que es lo correcto, porque es una sonrisa genuina, no provocada, de que algo más allá de los pensamientos neuróticos que suelo tener se alegra, al pensar que podré estar como esta mañana, metiéndome en el mar, respirando aire limpio y jugando con mi sobrina.

Es la vida lo que se me pasa estando aquí, porque hay que vivir donde uno esté a gusto, no donde cree que debe vivir. Porque la vida es corta como para pensar en asegurarse cosas materiales para dar un paso, la vida se vive o se deja morir y cada vez estoy más cerca de vivirla.

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